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La Bruja Pimpilipausa

Cuentacuentos
October 30

CUENTO DE NAVIDAD (CHARLES DICKENS)

CUENTO DE NAVIDAD (de Charles Dickens)

(basado en el Cuento de Navidad de Charles Dickens)

    Había una vez, no hace mucho tiempo, un viejo muy avaro, ambicioso, huraño y tacaño, que se llamaba Señor Scrooge.

    El Señor Scrooge tenía un pequeño negocio, una tienda de antigüedades, con la que decía que no ganaba nada. Siempre se estaba quejando de que el negocio no le daba ni para comer, que si no le llegaba ni para vivir…

    Era muy seco, contestaba mal a todo el mundo. Todo el día estaba amargado. Tenía un empleado, el pobre Bob Cratchit, al que le pagaba una miseria. Le explotaba vilmente, le hacía trabajar desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, y encima, apenas le daba unos míseros chelines. Es el que le llevaba las cuentas del negocio, el libro de ventas, un puesto de mucha responsabilidad, pero muy mal pagado. Trabajaba en un cuartucho pequeño, oscuro, frío y sin ventilación. El pobre hombre estaba trabajando heladito de frío, con el raído y viejo abrigo puesto, y todo porque su tacaño jefe no quería gastarse nada en calefacción, para ahorrar. Y cuando se quejaba al jefe, éste le amenazaba con despedirle del trabajo y tenía que callarse y aguantarse.

    Era época navideña. En la calle las luces brillaban, los adornos navideños inundaban las calles. La gente andaba corriendo de acá para allá, haciendo las últimas compras, todos con regalos para sus seres queridos, comprando lo necesario para la cena de nochebuena. Papás noeles y reyes magos tocando sus campanillas y repartiendo caramelos. Los niños cantando villancicos pidiendo el aguinaldo o dulces…

    Pero volvamos con el Señor Scrooge. Su pobre empleado, Bob, le pidió a las siete de la tarde que le dejara salir antes para poder hacer las últimas compras de Navidad, regalos, cena… pero el Sr. Scrooge le dijo:

        - ¡Bah! ¡paparruchas! Eso de Navidad y de las compras navideñas no son más que paparruchas. Ganas de gastar el dinero. Bobadas y tonterías. Si quieres, te puedes ir, pero no te molestes en volver mañana a trabajar porque estarás despedido.

        - Pero, ¿qué dice usted?¿mañana tengo que venir a trabajar? ¡pero si es Navidad!

        - Bah!, Navidad, vaya engaño, qué bobada, ¡paparruchas!, todos cantando, riendo y felices, ¿por qué? ¿para qué? Qué tontería. ¡Pues claro que vendrás mañana a trabajar! o ¿qué te piensas? ¿que te pago para que no vengas a trabajar? Aquí hay que trabajar todos los días.

        - Pero, por favor, Sr. Scrooge, sólo es un día al año, todo el mundo está en casa con su familia, es una fecha para compartir…

        - Vale, de acuerdo, no vengas, pero te descontaré un chelín por el día no trabajado.

Así que el pobre empleado se tuvo que quedar hasta las ocho y no pudo comprar nada porque todas las tiendas estaban ya cerradas. Sus hijos esa noche no tuvieron regalos y su mujer no pudo preparar una cena especial, cenaron sopa de ajo y huevos fritos con patatas fritas.

En cuanto se marchó su empleado, el Sr. Scrooge se puso a contar el dinero de la caja. Se pasaba todo el día contando y recontando su dinero. Era un avaro. Lo guardaba todo, no gastaba casi nada. En la tienda no encendía la calefacción para ahorrar, pero en su casa, tampoco la encendía, porque como sólo iba a su casa para dormir, pues se metía en la cama en cuanto llegaba y no le hacía falta encenderla.

Tan ensimismado estaba contando sus monedas, que no oyó entrar en la tienda a su sobrino Smith, que le saludó y le invitó a ir a su casa a cenar esa noche, la noche de Nochebuena.

        - ¿Por qué esta noche, qué tiene de especial?

        - Que es nochebuena, tío

        - ¡Bah! ¡paparruchas!

        - Ven con mi mujer y mis tres hijos, tus sobrinos, lo pasaremos bien

        - No, gracias, tendría que llevarles regalos a tus hijos y no puedo, mi negocio no da para tanto, yo no derrocho el dinero…

        - No te preocupes, tío, no les tienes que regalar nada…

        - Ya, pero tendría que llevar algo para la cena y no puedo…

        - No te preocupes, tío, no hace falta que lleves nada, nos arreglaremos con lo que tenemos, estás invitado…

        - Ya, pero para llegar hasta vuestra casa, tendría que ir en taxi y no puedo permitirme el lujo de pagarlo…

        - No te preocupes, tío, yo te lo pago cuando llegues.

        - Bueno, vale, de acuerdo, si es así, allí estaré a las diez.

Al salir de la tienda, fuera, en la calle, había una niña mendiga pidiendo limosna muerta de frío y de hambre. Scrooge ni la miró. Pasó de largo e hizo como si no la hubiera visto. Llamó a un taxi y se fue.

El sobrino del Sr. Scrooge y su familia, vivía en una casa alquilada muy pequeña, porque no podían pagar otra más grande. Los tres hijos tenían que dormir en la misma habitación. Llegó a la hora exacta, como un clavo, y su sobrino Smith le estaba esperando a la puerta para pagarle el taxi. El Sr. Scrooge estuvo toda la cena huraño, serio, enfadado, gruñendo y protestando por todo, a todo le ponía pegas, nada le parecía bien. Cuando llegó la hora de los postres y de entregar los regalos, él no dio nada, ya lo avisó, que no iba a llevar nada, pero a él le dieron todos. Su sobrino le regaló un pijama de franela, su mujer una bata, uno de sus tres sobrinitos, unas zapatillas de estar en casa, otro, un gorro de dormir, y el último, unos calcetines de lana gordos para dormir calentito. Ni siquiera les dio las gracias. Se limitó a criticar el consumismo y el materialismo de la Navidad y a decir que todo eso eran paparruchas. Se fue refunfuñando y gruñendo y ni siquiera dio las gracias por la cena.

Su sobrino le acompañó a buscar un taxi para pagárselo y se fue. Cuando llegó a su casa y cerró la puerta, tiró los paquetes de los regalos por el suelo, no encendió las luces, porque nunca las encendía, para ahorrar, y sólo usaba velas, porque salían más baratas. Entonces llamaron a la puerta. Al abrirla, unos niños cantaban villancicos y le pedían el aguinaldo. Les echó con cajas destempladas y con muy malos modales.

Cuando se quedó solo, de mala gana, abrió los paquetes de los regalos y se puso todo lo que le habían regalado sus familiares, sin dejar de refunfuñar y de gruñir. Se acostó. Se metió en la cama tapándose hasta la nariz por el frío que hacía y se quedó inmediatamente dormido.

Cuando en el reloj del salón sonaron las doce campanadas de la medianoche, se oyó el ruido de unas cadenas arrastrándose por el suelo y..

…apareció un fantasma en la habitación…

Nuestro Sr. Scrooge, asustado, le preguntó quién era.

        - Soy el fantasma de las Navidades pasadas. Ven conmigo.

Y le llevó por el cielo y vieron abajo, a él y a su mujer con sus dos hijos, cenando juntos en la noche de Nochebuena, todos felices, cantando y riendo. También estaban sentados a la mesa su hermano y su mujer con su hijo, es decir, Smith, el que ahora es su sobrino. También vio lo que sucedió hace ya 30 años, esa noche que volvían a su casa en coche después de cenar en casa de la familia de su hermano y tuvieron un accidente, el coche se salió de la carretera en una curva y su mujer y sus dos hijos murieron en el acto, quedando sólo él ileso, sano y salvo, solo.

Después de ver todo esto, de revivir el pasado, el Sr. Scrooge y el fantasma volvieron a la casa, se metió en la cama llorando por lo que le había hecho recordar, el fantasma desapareció y se quedó dormido de nuevo.

Cuando el reloj del salón dio la una de la madrugada, se volvió a oir un ruido de cadenas y apareció otro fantasma distinto, que le dijo:

        - Soy el fantasma de las Navidades presentes. Ven conmigo.

Volaron por el cielo y él se vio siendo huraño con su empleado, contando y recontando su dinero, no dando limosna a una mendiga, no dando el aguinaldo a los niños que cantaban villancicos, siendo serio y antipático con sus familiares, no dando las gracias por nada y solo, siempre solo, andando cabizbajo de acá para allá, siempre solo.

Volvieron a casa, el fantasma desapareció y se volvió a quedar dormido creyendo que todo había sido un sueño, o peor, una pesadilla.

A las dos, las campanadas del reloj del salón volvieron a sonar y se oyó de nuevo ruido de cadenas, esta vez más fuertes y pesadas.

- Soy el fantasma de las Navidades futuras. Ven conmigo.

Y el fantasma le llevó por los aires volando y vieron allá abajo un funeral en un cementerio. Había un ataúd negro, un cura y un monaguillo. Cuando se acercaron más, nuestro Sr. Scrooge, vio que el que estaba dentro ¡era él! Solo. Estaba solo. Nadie había ido a su entierro. Nadie había ido al cementerio a despedirle. El ambiente que se respiraba era tétrico, frío y tenebroso. Se le pusieron los pelos de punta.

Scrooge, asustadísimo, temblando, volvió volando a su casa, se metió en su cama y se tapó esta vez enterito no queriendo ver ni escuchar nada más. Se puso unos tapones en los oídos e intentó dormir, pero no pudo. Escuchó todas las campanadas de todas las horas de la noche. Y ya cuando amanecía, se quedó un poco traspuesto, como adormilado.

A la mañana siguiente, cuando se despertó y vio que estaba vivo, se pellizcó y salió saltando de la cama, se vistió, cogió muchos billetes de su caja fuerte y se fue a la mejor cafetería de la ciudad a tomar un desayuno completísimo. Fue a los grandes almacenes y llenó un carro de regalos y comida. Fue a casa de su empleado Bob y se la llenó de regalos y de comida variada. Le dijo que le iba a aumentar el sueldo ¡se lo triplicaba!, que hoy por supuesto no tenía que ir a trabajar, que le daba libre los domingos y los sábados por la tarde y que le cambiaba el horario: tenía que trabajar de nueve de la mañana a siete de la tarde, teniendo entre medias dos horas para ir a comer a su casa. Se despidió hasta el lunes.

Compró montones de leña que la repartió entre su casa y su oficina y prendió de inmediato ambas estufas, dejándolas encendidas para que se caldearan los dos sitios, que estaban helados. Al salir de su tienda, dio un montón de billetes a la niña mendiga y buscó a los niños de los villancicos y les llenó los bolsillos de golosinas y dinero.

Compró luces y bombillas e iluminó toda la fachada de su tienda. Cambió toda la decoración tétrica de la tienda y la modernizó, la reformó totalmente, puso amplios ventanales para que entrara la luz, instaló luz eléctrica en toda la tienda y en su casa también, tirando todas las velas a la basura.

El Sr. Scrooge se dio cuenta de que había sido un egoísta, ambicioso y huraño y que no ganaba nada siendo así, al contrario, estaba perdiendo lo mejor de la vida: vivir, y disfrutar de ella.

Finalmente, fue a la casa alquilada de su sobrino Smith, les obligó a hacer las maletas corriendo y les llevó a todos a su casa. Les dijo que se iban a quedar a vivir con él, en su gran casa, donde cada sobrinito tendría su propia habitación. Y aceptaron encantados, y vivieron felices juntos. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!
¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !!

October 29

EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD (versión larga)

EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS…



EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS

¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD!


TODOS JUNTOS, ¡MUY CONTENTOS!

FUERON AL NIÑO A ADORAR


SON MUCHOS LOS REGALOS

QUE AL NIÑO LE VAN A ENTREGAR

HAY QUE ESTAR MUY CALLADITOS

SI LES QUEREMOS ESCUCHAR


YO SOY PULGARCITO

Y TE VOY A REGALAR

PARA QUE NO TE PIERDAS

MUCHAS MIGUITAS DE PAN


YO SOY CAPERUCITA ROJA

Y PARA MERENDAR

TE REGALO MI CESTA

CON MIEL, GALLETAS Y PAN


Y YO, EL LOBO FEROZ,

TE ABRAZO Y TE BESO

PORQUE ESTAMOS EN NAVIDAD

(¿Quién teme al lobo feroz, lobo feroz, lobo feroz…?)


YO SOY GUILLERMO TELL

EL ARQUERO SUIZO ¡QUÉ BIEN SE ME DA!

Y TE REGALO MI MANZANA

¡COMIDA SANA! PARA DESAYUNAR

Y YO, LA DULCE BLANCANIEVES,

TE TRAIGO OTRA IGUAL,

PERO ÉSTA, SIN ENVENENAR,

¡NO TEMAS! ¡TE VA A ENCANTAR!


AIBÓ, AIBÓ,

AL NIÑO A ADORAR

LALÁ, LALÁ, LALÁ, LALÁ,

AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ,

AIBÓ, AIBÓ,

PORQUE YA ES NAVIDAD,

LALÁ, LALÁ, LALÁ, LALÁ,

AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ.

YO SOY LA CENICIENTA

Y PARA QUE TE DÉN SUERTE

Y CON ELLOS PUEDAS ANDAR

TE REGALO MIS ZAPATITOS DE CRISTAL


Y YO, SU PRÍNCIPE ENAMORADO,

TE REGALO MI CAPA

PARA QUE TE TAPES,

¡NO TE VAYAS A ENFRIAR!


YO SOY LA RATITA PRESUMIDA

Y COMO SOY MUY COQUETA

TE REGALO MI LAZO ROJO

Y MI BRILLANTE MONEDA

Y YO, EL SASTRECILLO VALIENTE,

PARA COSER TUS PRENDAS

TE DOY DE MI COSTURERO

MIS HILOS DE LINO Y DE SEDA


YO SOY PINOCHO,

YO ANTES ERA ASÍ,

UN MUÑECO DE MADERA,

¡TOMA! PARA TI,

PARA QUE JUEGUES

Y NUNCA MIENTAS

Y NO TE CREZCA LA NARIZ

Y YO, SOY LA SIRENITA

LA REINA DE LOS MARES

Y TE REGALO ESTA CARACOLA

PARA QUE ESCUCHES LAS OLAS

(Bajo el mar… bajo el mar…

NOSOTROS SOMOS LOS TRES CERDITOS

Y PARA CUANDO TE HAGAS TU CASA

TE DEJAMOS:

- CERDITO 1. YO UN MONTÓN DE PAJA EN ESTA CASA

- CERDITO 2. YO TODA ESTA MADERA CON MUCHA SOLERA

- CERDITO 3. Y YO UN PAR DE LADRILLOS PARA QUE EMPIECES CON SALERILLO.


YO SOY RICITOS DE ORO

Y TE TRAIGO UNO DE MIS TRES OSITOS:

(Dirigiéndose al osito)

“PORTATE BIEN CUANDO JUEGUES CON ÉL”

- YO SOY HANSEL

- Y YO SOY GRETEL

(Los dos) Y TE VENIMOS A TRAER

TURRÓN, CARAMELOS

CHOCOLATE Y MIEL.


YO, EL SOLDADITO DE PLOMO

TE REGALO MI TAMBOR

PARA QUE TOQUES CON PRIMOR


Y YO, SU BAILARINA ENAMORADA,

TE DEJO MIS ZAPATILLAS DE BALLET

PARA QUE CON ELLAS BAILES MUY BIEN


YO SOY ALADINO

TE REGALO MI LÁMPARA MARAVILLOSA

CUÍDALA MUCHO, ES MUY VALIOSA.


YO SOY EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

Y MI FLAUTA ENCANTADA TE DOY

PARA QUE, CUANDO QUIERAS,

LA TOQUES UN POQUITÍN


¡HI, HI, HI…!

NOSOTRAS SOMOS SUS RATITAS

Y TE QUEREMOS REGALAR

UN TROZO DE QUESO

POR SI LO QUIERES PROBAR

YO SOY ALÍ BABA

Y EL TESORO

DE LOS CUARENTA LADRONES

TE QUIERO REGALAR


Y NOSOTROS, EN NOMBRE DE

LOS CUARENTA LADRONES

TE ENTREGAMOS NUESTRAS ESPADAS

PARA QUE DE LUCHAR

SE NOS QUITEN LAS GANAS


YO SOY LA BELLA DURMIENTE

Y TE QUIERO REGALAR LA AGUJA

PERO CON UN DEDAL

PARA QUE NO TE PINCHES NUNCA JAMÁS


Y YO, EL BELLO PRINCIPE

UN GRAN BESO TE DOY

PERO SIN TU DULCE SUEÑO INTERRUMPIR

Y YO, QUE VENDO CERILLAS

EN UNA PLAZA

COMO NO TENGO NADA

TE REGALO MI CORAZÓN

ENTREGANDOTE TODO MI AMOR


AUNQUE CADA PERSONAJE

ES DE UN CUENTO DIFERENTE

NO SE HAN QUERIDO PERDER

EL MOMENTO TAN IMPORTANTE

QUE ES PARA UN BEBÉ NACER.


HAN SIDO MUCHOS LOS REGALOS

QUE AL NIÑO HAN VENIDO A TRAER

HAN LLEGADO DE MUY LEJOS

PORQUE LE QUERÍAN CONOCER.


HAN HECHO UN GRAN ESFUERZO

POR ESTAR TODOS AQUÍ

MERECEN UN FUERTE APLAUSO

APLAUDE, APLAUDE,

QUE LO OIGA EL CHIQUITÍN.


Y PARA TERMINAR,

COMO ESTAMOS EN NAVIDAD,

VAMOS TODOS JUNTOS,

A BAILAR AL COMPÁS.

EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD (versión corta)


EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD


Y ya que estamos en Navidad, os voy a recitar una poesía que me recitaron a mí ayer en la hora mágica, entre todos los personajes de los cuentos, al unísono, y quiero compartirla con vosotros ¿Os gustan las poesías? A mí me chiflan, a ver si os gusta ésta:

EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS

¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD!

TODOS JUNTOS, MUY CONTENTOS,

FUERON AL NIÑO A ADORAR.

PULGARCITO LE LLEVABA

MUCHAS MIGUITAS DE PAN

CAPERUCITA, UNA CESTA

CON MIEL, GALLETAS Y FLAN.

GUILLERMO TELL, SU MANZANA,

BLANCANIEVES, OTRA IGUAL,

LA RATITA PRESUMIDA

SUS LAZOS, SU MONEDA,

Y SUS GANAS DE CASAR,

Y EL SASTRECILLO VALIENTE,

HILOS DE SEDA Y DEDAL.

CABELLOS DE ORO UN OSITO

DE PELUCHE, NO DE VERDAD,

HANSEL Y GRETEL, TURRÓN,

CHOCOLATE Y AZÚCAR GLASS.

EL SOLDADITO DE PLOMO

SUS MULETAS Y UN TAMBOR

Y LA PEQUEÑA CERILLERA

COMO NO TENÍA NADA

LE ENTREGÓ SU CORAZÓN.

LA REINA DE LAS NIEVES

LA  REINA  DE  LAS  NIEVES

( basado en un cuento de Andersen )

          Allá por el Polo Norte, donde viven los esquimales, vivían dos buenos amigos; Hanoi, el niño esquimal, y Berta, su amiga esquimal también. Se querían mucho, eran muy buenos amigos. Iban a la escuela juntos, en su trineo, tirado por varios hermosos y fuertes renos polares. La escuela estaba muy lejos de su poblado, así que todos los días se hacían unos cuantos kilómetros de esta manera. Cuando no había colegio, se pasaban todo el día jugando juntos en la nieve con sus deslizadores.

         Entonces, sucedió un día, que Hanoi, cuando mejor se lo estaba pasando jugando con su amiga Berta en la nieve, se cayó del trineo y se clavó la vara del trineo debajo del brazo. Hanoi gritó de dolor y rabia y, desde ese mismo instante, cambió por completo. Ya no era aquél niño simpático y amable que jugaba con su amiguita, se convirtió en un niño malísimo que no hacía más que trastadas, portarse mal a todas horas y desobedecer a sus padres. Un día incluso, cuando Berta fue a buscarle para jugar con él, la empujó y la tiró al suelo diciéndola: “Vete de aquí, déjame en paz, yo no juego con niñas mocosas como tú” Y Berta lloraba desconsoladamente día tras día, sin ver a su amiguito. Parecía que se le hubiera tragado la tierra, nunca le veía por ahí, ni estaba en su casa cuando le iba a buscar.

         Un día, un viejo esquimal del poblado, le contó a Berta que había visto pasar a Hanoi montado en la Carroza de la Reina de las Nieves. Entonces Berta decidió ir a buscarle, aunque tuviera que ir al otro extremo de la tierra, al otro Polo, al Polo Sur, donde había oído decir que hacía mucho más frío que en el Polo Norte, y donde apenas vivían seres humanos ni animales, ni plantas. Se adentró en el gran bosque de árboles nevados pensando que a lo mejor por allí tenía sus dominios la Reina de las Nieves. Entonces un pajarito se posó en su hombro y le preguntó qué le pasaba. Berta se lo contó todo y el pajarito, compadecido, le dijo:

“Yo te guiaré hasta su palacio, pero lo más difícil es entrar en él”.

         Berta se dejó guiar por él y al cabo de un tiempo de andar por el bosque vieron un barranco bajo el que corría un río. Bajaron hasta el fondo y allí el pajarito silbó tres veces y, en seguida, de las gélidas aguas del río emergió una lancha muy bella.

         “Sube aquí y no tengas miedo. La lancha sabe dónde tiene que ir y yo volaré a tu lado, sobre tu cabeza”

         Efectivamente, la corriente llevaba la lancha abajo, abajo, dejando atrás el bosque, árboles, montes y valles, el poblado esquimal, otros poblados, cruzaron otros pueblos, otros países y otros continentes, verdes prados, altas montañas, llanuras, espesos bosques, grandes ciudades, pequeños pueblos… hasta que volvieron a ver de nuevo la nieve, paisajes cubiertos completamente por la nieve, blancos, helados, a temperaturas bajo cero. Hasta que llegaron a un lugar muy frondoso, lleno de blancos árboles, en medio del cual, se alzaba majestuoso y señorial el Gran Palacio de Hielo de la Reina de las Nieves.

         Berta bajó de la lancha y, siempre escoltada por el pajarillo, llegaron ante las puertas del palacio, que eran grandes bloques de hielo. Berta llamó con los nudillos tan fuerte como pudo hasta hacerse daño. Pero todo fue inútil. Nadie acudió a abrirles, ni había manera alguna de forzar o derribar aquellas enormes moles de hielo congelado.

         El pajarillo fue a consultar con el Rey de los Ratones y con el de los Topos para ver si había alguna posibilidad de abrir una galería bajo el hielo. El Rey de los Ratones dijo que sus súbditos podían abrirlas en cualquier sitio, menos en el hielo, porque era más fuerte que sus pequeños dientecillos; y el Rey de los Topos confesó que siempre que sus arquitectos lo habían intentado, se habían estrellado contra la dureza del hielo.

         Al oír esto, tan malas noticias, Berta se echó a llorar y nada ni nadie podía contener sus lágrimas, que caían a borbotones sobre las enormes puertas de hielo. Y en aquél momento, ¿qué creéis que sucedió? Pues que, al calor de las ardientes lágrimas de Berta, las puertas empezaron a derretirse, a deshacerse y, en un santiamén, se formó a sus pies un enorme charco de agua. Todos entraron precipitadamente en el palacio de cristal y, allí, en una alcoba de seda azul y bordados dorados, estaba Hanoi, dormido o encantado. Berta lo llamó intentando despertarle, mientras el pajarillo, el ratón y el topo intentaban reanimarle, pero todo era en vano. De repente, se oyó una voz terrible que salía no se sabe de dónde y decía:

         “¿QUIÉN HA OSADO ENTRAR EN MI GRAN PALACIO DE CRISTAL? ¿QUIÉN HA DERRETIDO MIS POTENTES PUERTAS DE HIELO? QUIEN QUIERA QUE HAYA SIDO, LO ENCONTRARÉ Y LO PAGARÁ CARO, QUEDÁNDOSE PARA SIEMPRE ENCERRADO EN MI CÁRCEL DE CRISTAL.”

         Era la voz de la Reina de las Nieves que se escuchaba por todo el palacio y salía de todo él. Así que Berta, muy asustada y creyendo muerto a Hanoi, se inclinó sobre él y le besó en la frente a modo de despedida, con tanto amor y dulzura que Hanoi, en ese momento, se despertó, se incorporó y, aturdido todavía, reconoció a su querida amiga, a la que echó los brazos al cuello abrazándose los dos fuertemente, pidiéndola que le sacara de allí.

         Corriendo todo lo que pudieron salieron todos de allí y montaron en la lancha, que les llevó de vuelta a su poblado esquimal, en el Polo Norte, atravesando países, continentes, llanuras, ciudades… Todo el poblado les recibió con mucho júbilo y entusiasmo y ellos siguieron siendo amigos durante muchos años hasta que se casaron y vivieron felices y comieron perdices y a la boda invitaron ¿cómo no? Al pajarito-guía, al Rey de los Ratones y al Rey de los Topos, que, les gustó tanto el Polo Norte, que se quedaron a vivir con ellos porque hacía mucho menos frío que el Polo Sur.

 

¡¡ Y  COLORÍN  COLORADO,  PIMPILIPAUSA  HA  TERMINADO !!

¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !!


LAS TRES HIJAS DEL REY Y GORRA DE JUNCO

LAS  TRES  HIJAS  DEL  REY  Y  GORRA  DE  JUNCO

 

         Érase una vez que se era, un poderoso Rey que tenía tres hijas hermosísimas, de las que estaba muy orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto, gracia y soltura, con la menor, a la que él amaba más que a ninguna persona en el mundo.

         Las tres estaban prometidas con tres príncipes de sangre real y eran muy felices con sus futuros esposos. Un día, viendo que se estaba haciendo viejo y que las fuerzas le fallaban, el Rey convocó a toda la corte, a sus hijas y a sus prometidos, a los que se dirigió diciéndoles:

         “Os he reunido a todos aquí porque me siento muy viejo y no puedo seguir reinando, así que he pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros que me servirán. Eso sí, las tres partes serán proporcionales al cariño y amor que mis hijas sientan por mí.”

         Entonces, se hizo un grandísimo silencio en la sala.

         El Rey preguntó a NURIA, la mayor:

         “¿Cuánto me quieres, hija mía?

         “Más que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidaré, déjame la parte más grande de tu reino porque te quiero mucho.”

         El Rey preguntó entonces a SONIA, la mediana:

         “Y tú, hija, ¿cuánto me quieres?”

         “Yo te quiero mucho más, más que a nadie en el mundo, así que déjame la parte más grande y vente a vivir conmigo que yo te cuidaré.”

         Y, en último lugar, el Rey preguntó a ALBA, la menor:

         “Y tú, princesita mía, ¿cuánto me quieres?”

         Alba, tímidamente, y sin levantar los ojos del suelo, murmuró:

         “Yo, papá, te quiero como un hijo debe querer a su padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal”.

         El Rey, al oír esa respuesta tan simplona y tan poca cosa, tan corta, se enfadó mucho, montó en cólera y estaba tan decepcionado con la respuesta de su hija menor que respondió malhumorado:

         “¿Sólo eso me quieres? Pues bien, dividiré mi Reino entre mis dos hijas mayores y tú no recibirás nada porque creo que no me quieres lo suficiente”

         En ese mismo instante, el prometido de la menor de las princesas se marchó silenciosamente del salón real y se fue porque pensó que si la princesa se iba a quedar sin nada, en la calle, sin herencia, ya no le convenía, aunque estuviera muy enamorado de ella, como lo estaba.

         Las dos hermanas mayores se rieron de su hermana menor y la recriminaron su conducta, humillándola. Ella se disculpó como pudo, porque las palabras apenas le salían de la boca, del disgusto que tenía.

         “Yo no sé expresarme bien, no sé hablar tan bien como vosotras. Pero quiero a nuestro padre tanto como vosotras dos. Así que, no me importa, me alegro por vosotras que siempre habéis querido heredar el reino de nuestro padre y ahora ya lo poseéis. Espero que lo disfrutéis”

         Y se despidió de todos llevando solamente la ropa que tenía puesta. Y salió de palacio empezando a caminar, hasta que llegó a un hermoso lago en el que se balanceaban con el viento unos hermosos y altos juncos. Entonces ALBA, la pequeña princesita, se hizo ella misma un traje con esos hermosos juncos verdes y un gorro a juego, para ocultar su bella y larga melena rubia, ya que no quería que nadie la reconociera porque estaba avergonzada de lo que le había ocurrido con su padre, el Rey.

         Después de andar días y días, llegó a un hermoso Palacio y entró en la Cocina Real a pedir trabajo de cocinera. La cocinera jefa la miró de arriba abajo y la llamó GORRA DE JUNCO y se rió de ella y, compadecida, la dejó quedarse a trabajar porque había mucho que hacer y realmente necesitaban ayuda. Le contó que el Rey de ese país había muerto y que su hijo había heredado el trono y que ahora reinaba el país y que daba muchas fiestas porque buscaba esposa y quería encontrarla pronto. Decía una leyenda que no la encontraba porque él ya estaba enamorado de una princesita que dejó de serlo y tuvo que dejarla obligado por su padre, que no le dejó casarse con una desheredada, aunque fuera de sangre real. Alba se quedó a trabajar en la Cocina del Rey, pero no le pagaban sueldo alguno, sólo percibía las migajas de comida que sobraban y dormía en la despensa de la cocina sobre un montón de paja.

         Por otro lado, el Rey, el padre de las tres hijas del principio de esta historia, dejó de serlo un día, cuando ya no pudo más por su vejez, ya no podía reinar el país y se fue con sus cien caballeros a la gran casa y hacienda de NURIA, su hija mayor, la cual, al verle a él y a su séquito, le dijo de muy mal humor:

         “¿No pensarás quedarte aquí a vivir con cien nuevas bocas que alimentar? ¿estás loco? Sois muchos, si fueran cincuenta, todavía, así que, no, aquí no os podéis quedar. Ni hablar. Fuera de mis posesiones”

         El padre, sorprendido por la reacción de su hija mayor, le dijo:

         “¿Cómo, así que eso es lo que opinas? Te regalo la mitad de mis tierras y de mi reino y eres incapaz de alojarnos a todos contigo? Pero si tienes sitio para todos y para muchos más. Egoísta. Me voy con Sonia”

         Llegó al palacete de su hija mediana con su séquito, la cual le dijo:

         “Pero, ¿a dónde crees que vas con esos cien hombres? Son demasiados. Si te quieres quedar tú solo, yo te acepto, pero a nadie más”

         “Eres una desagradecida, por lo menos tu hermana mayor me aceptaba a cincuenta de mis hombres, pero tú a ninguno, así que me voy con ella”

         El anciano, despidió a la mitad de su guardia, les deseó lo mejor y se encaminó con sus cincuenta caballeros a la casa de su hija mayor. Cuando el guardián de la torre de la gran casa de NURIA divisó llegar al Rey con su séquito, avisó a su ama y señora, quien les mandó cerrar las puertas de inmediato con orden de no dejarles entrar, porque eran demasiados.

         Entonces el Rey, apenado, defraudado y decepcionado con sus dos hijas mayores, despidió a los cincuenta hombres que le quedaban y se fue vagando por ahí por los montes y bosques, teniendo que vender hasta su caballo y sus lujosas ropas  para sobrevivir. Un día, llegó a una choza abandonada en la que se quedó a vivir. Cerca había una huerta seca y descuidada a la que empezó a cuidar y enseguida obtuvo de ella alimentos con los que poder subsistir, comiéndolos y vendiéndolos.

         Mientras tanto, un día en que GORRA DE JUNCO, es decir, ALBA, andaba por el bosque buscando setas para hacer un sabroso pastel a su Rey, vio a un anciano sentado en la puerta de una choza y cuando se acercó para saludarle, le reconoció en seguida ¡era su padre! No le dijo nada y le dio los buenos días. Él estaba un poco ciego por la edad y había perdido un poco de oído, así que no reconoció a su querida hija pequeña. Se hicieron amigos y ella iba a visitarle a menudo, llevándole cuanta comida podía conseguir sacar de la despensa del Reino, sin que su cocinera jefa se enterase. Le hacía la comida, le arreglaba la casa, le lavaba la ropa… y él le quedaba muy agradecido por la ayuda prestada. Y pasó el tiempo…

         Un día iba a celebrarse en Palacio un gran baile, de esos que organizaba el Rey de vez en cuando para buscar esposa. La cocinera real dijo que el personal estaba invitado a servir el banquete, cosa que nunca ocurría. Alba se lavó y planchó el traje de junco y se quitó la gorra. Se peinó su larga melena rubia y empezó a servir el banquete. Cuando el Rey la vio, se quedó maravillado de su hermosa melena y pensó: ¡Dios mío! Es igualita que la princesa de la que yo estaba enamorado, es hermosísima… Y le preguntó si quería bailar con él.

         Alba dejó la bandeja y aceptó la invitación. Al terminar el baile, se despidieron. A la mañana siguiente, la cocinera jefa riñó gorra de junco porque al Rey no le había gustado el desayuno que le había preparado. Lo que pasaba es que el Rey pasaba los días triste y sin apetito porque no sabía quién era la bella del baile. Pasaban los días y el Rey no comía, no le gustaba nada, y seguía riñendo a la cocinera jefa, la cual reñía a su vez a la pequeña cocinerita gorra de junco. Una mañana, harta ya de las regañinas del Rey, la cocinera jefa mandó a gorra de junco que hiciera ella misma y sola el desayuno del Rey para así librarse ella de las riñas.

         Gorra de junco le preparó un espléndido y delicioso desayuno y el Rey mandó llamar a la cocinera jefa. Le preguntó que quién había preparado el desayuno y ella enseguida se defendió: “Yo no he sido, ha sido mi ayudante, una inexperta…” Pues que venga enseguida ante mi presencia. En cuanto la vio más de cerca y de día, la reconoció al instante. “Eres tú, mi Alba querida, ¿podrás perdonarme algún día por lo que te hice al abandonarte? Nunca me he olvidado de ti, sigo perdidamente enamorado de ti” Ella le enseñó su anillo de prometida, demostrándole que tampoco le había olvidado. Se celebraron las bodas. Alba invitó a su padre y éste no sabía cómo disculparse, cómo pedirle perdón por lo que le había hecho, cuando descubrió que la que le visitaba a diario en su humilde choza y le ayudaba en todo, era su querida hijo menor, Alba, a la que desheredó porque pensó que no le quería lo suficiente…

         Durante el banquete nupcial, todos los invitados se quejaron de que la comida estaba sosa e insípida y la dejaban en el plato sin comérsela. Alba entonces, ordenó que trajeran sal, mirando a su padre. Los invitados echaron la sal en la comida y entonces sí que todos se lo comieron todo, porque estaba buenísimo. Sólo entonces, el padre de Alba entendió la metáfora que su hija había empleado para explicar cuánto quería y necesitaba a su padre.

 

¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!

¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !!


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Updated 10/28/2006
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