| Bruja Pimpilipa... 的个人资料La Bruja Pimpilipausa照片日志列表 | 帮助 |
|
10月30日 CUENTO DE NAVIDAD (CHARLES DICKENS)CUENTO DE NAVIDAD (de Charles Dickens) (basado en el Cuento de Navidad de Charles Dickens)
Había una vez, no hace mucho tiempo, un viejo muy avaro, ambicioso, huraño y tacaño, que se llamaba Señor Scrooge. El Señor Scrooge tenía un pequeño negocio, una tienda de antigüedades, con la que decía que no ganaba nada. Siempre se estaba quejando de que el negocio no le daba ni para comer, que si no le llegaba ni para vivir… Era muy seco, contestaba mal a todo el mundo. Todo el día estaba amargado. Tenía un empleado, el pobre Bob Cratchit, al que le pagaba una miseria. Le explotaba vilmente, le hacía trabajar desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, y encima, apenas le daba unos míseros chelines. Es el que le llevaba las cuentas del negocio, el libro de ventas, un puesto de mucha responsabilidad, pero muy mal pagado. Trabajaba en un cuartucho pequeño, oscuro, frío y sin ventilación. El pobre hombre estaba trabajando heladito de frío, con el raído y viejo abrigo puesto, y todo porque su tacaño jefe no quería gastarse nada en calefacción, para ahorrar. Y cuando se quejaba al jefe, éste le amenazaba con despedirle del trabajo y tenía que callarse y aguantarse. Era época navideña. En la calle las luces brillaban, los adornos navideños inundaban las calles. La gente andaba corriendo de acá para allá, haciendo las últimas compras, todos con regalos para sus seres queridos, comprando lo necesario para la cena de nochebuena. Papás noeles y reyes magos tocando sus campanillas y repartiendo caramelos. Los niños cantando villancicos pidiendo el aguinaldo o dulces… Pero volvamos con el Señor Scrooge. Su pobre empleado, Bob, le pidió a las siete de la tarde que le dejara salir antes para poder hacer las últimas compras de Navidad, regalos, cena… pero el Sr. Scrooge le dijo:
- ¡Bah! ¡paparruchas! Eso de Navidad y de las compras navideñas no son más que paparruchas. Ganas de gastar el dinero. Bobadas y tonterías. Si quieres, te puedes ir, pero no te molestes en volver mañana a trabajar porque estarás despedido. - Pero, ¿qué dice usted?¿mañana tengo que venir a trabajar? ¡pero si es Navidad! - Bah!, Navidad, vaya engaño, qué bobada, ¡paparruchas!, todos cantando, riendo y felices, ¿por qué? ¿para qué? Qué tontería. ¡Pues claro que vendrás mañana a trabajar! o ¿qué te piensas? ¿que te pago para que no vengas a trabajar? Aquí hay que trabajar todos los días. - Pero, por favor, Sr. Scrooge, sólo es un día al año, todo el mundo está en casa con su familia, es una fecha para compartir… - Vale, de acuerdo, no vengas, pero te descontaré un chelín por el día no trabajado.
Así que el pobre empleado se tuvo que quedar hasta las ocho y no pudo comprar nada porque todas las tiendas estaban ya cerradas. Sus hijos esa noche no tuvieron regalos y su mujer no pudo preparar una cena especial, cenaron sopa de ajo y huevos fritos con patatas fritas. En cuanto se marchó su empleado, el Sr. Scrooge se puso a contar el dinero de la caja. Se pasaba todo el día contando y recontando su dinero. Era un avaro. Lo guardaba todo, no gastaba casi nada. En la tienda no encendía la calefacción para ahorrar, pero en su casa, tampoco la encendía, porque como sólo iba a su casa para dormir, pues se metía en la cama en cuanto llegaba y no le hacía falta encenderla. Tan ensimismado estaba contando sus monedas, que no oyó entrar en la tienda a su sobrino Smith, que le saludó y le invitó a ir a su casa a cenar esa noche, la noche de Nochebuena. - ¿Por qué esta noche, qué tiene de especial? - Que es nochebuena, tío - ¡Bah! ¡paparruchas! - Ven con mi mujer y mis tres hijos, tus sobrinos, lo pasaremos bien - No, gracias, tendría que llevarles regalos a tus hijos y no puedo, mi negocio no da para tanto, yo no derrocho el dinero… - No te preocupes, tío, no les tienes que regalar nada… - Ya, pero tendría que llevar algo para la cena y no puedo… - No te preocupes, tío, no hace falta que lleves nada, nos arreglaremos con lo que tenemos, estás invitado… - Ya, pero para llegar hasta vuestra casa, tendría que ir en taxi y no puedo permitirme el lujo de pagarlo… - No te preocupes, tío, yo te lo pago cuando llegues. - Bueno, vale, de acuerdo, si es así, allí estaré a las diez.
Al salir de la tienda, fuera, en la calle, había una niña mendiga pidiendo limosna muerta de frío y de hambre. Scrooge ni la miró. Pasó de largo e hizo como si no la hubiera visto. Llamó a un taxi y se fue. El sobrino del Sr. Scrooge y su familia, vivía en una casa alquilada muy pequeña, porque no podían pagar otra más grande. Los tres hijos tenían que dormir en la misma habitación. Llegó a la hora exacta, como un clavo, y su sobrino Smith le estaba esperando a la puerta para pagarle el taxi. El Sr. Scrooge estuvo toda la cena huraño, serio, enfadado, gruñendo y protestando por todo, a todo le ponía pegas, nada le parecía bien. Cuando llegó la hora de los postres y de entregar los regalos, él no dio nada, ya lo avisó, que no iba a llevar nada, pero a él le dieron todos. Su sobrino le regaló un pijama de franela, su mujer una bata, uno de sus tres sobrinitos, unas zapatillas de estar en casa, otro, un gorro de dormir, y el último, unos calcetines de lana gordos para dormir calentito. Ni siquiera les dio las gracias. Se limitó a criticar el consumismo y el materialismo de la Navidad y a decir que todo eso eran paparruchas. Se fue refunfuñando y gruñendo y ni siquiera dio las gracias por la cena. Su sobrino le acompañó a buscar un taxi para pagárselo y se fue. Cuando llegó a su casa y cerró la puerta, tiró los paquetes de los regalos por el suelo, no encendió las luces, porque nunca las encendía, para ahorrar, y sólo usaba velas, porque salían más baratas. Entonces llamaron a la puerta. Al abrirla, unos niños cantaban villancicos y le pedían el aguinaldo. Les echó con cajas destempladas y con muy malos modales. Cuando se quedó solo, de mala gana, abrió los paquetes de los regalos y se puso todo lo que le habían regalado sus familiares, sin dejar de refunfuñar y de gruñir. Se acostó. Se metió en la cama tapándose hasta la nariz por el frío que hacía y se quedó inmediatamente dormido. Cuando en el reloj del salón sonaron las doce campanadas de la medianoche, se oyó el ruido de unas cadenas arrastrándose por el suelo y.. …apareció un fantasma en la habitación… Nuestro Sr. Scrooge, asustado, le preguntó quién era. - Soy el fantasma de las Navidades pasadas. Ven conmigo. Y le llevó por el cielo y vieron abajo, a él y a su mujer con sus dos hijos, cenando juntos en la noche de Nochebuena, todos felices, cantando y riendo. También estaban sentados a la mesa su hermano y su mujer con su hijo, es decir, Smith, el que ahora es su sobrino. También vio lo que sucedió hace ya 30 años, esa noche que volvían a su casa en coche después de cenar en casa de la familia de su hermano y tuvieron un accidente, el coche se salió de la carretera en una curva y su mujer y sus dos hijos murieron en el acto, quedando sólo él ileso, sano y salvo, solo. Después de ver todo esto, de revivir el pasado, el Sr. Scrooge y el fantasma volvieron a la casa, se metió en la cama llorando por lo que le había hecho recordar, el fantasma desapareció y se quedó dormido de nuevo. Cuando el reloj del salón dio la una de la madrugada, se volvió a oir un ruido de cadenas y apareció otro fantasma distinto, que le dijo: - Soy el fantasma de las Navidades presentes. Ven conmigo. Volaron por el cielo y él se vio siendo huraño con su empleado, contando y recontando su dinero, no dando limosna a una mendiga, no dando el aguinaldo a los niños que cantaban villancicos, siendo serio y antipático con sus familiares, no dando las gracias por nada y solo, siempre solo, andando cabizbajo de acá para allá, siempre solo. Volvieron a casa, el fantasma desapareció y se volvió a quedar dormido creyendo que todo había sido un sueño, o peor, una pesadilla. A las dos, las campanadas del reloj del salón volvieron a sonar y se oyó de nuevo ruido de cadenas, esta vez más fuertes y pesadas. - Soy el fantasma de las Navidades futuras. Ven conmigo. Y el fantasma le llevó por los aires volando y vieron allá abajo un funeral en un cementerio. Había un ataúd negro, un cura y un monaguillo. Cuando se acercaron más, nuestro Sr. Scrooge, vio que el que estaba dentro ¡era él! Solo. Estaba solo. Nadie había ido a su entierro. Nadie había ido al cementerio a despedirle. El ambiente que se respiraba era tétrico, frío y tenebroso. Se le pusieron los pelos de punta. Scrooge, asustadísimo, temblando, volvió volando a su casa, se metió en su cama y se tapó esta vez enterito no queriendo ver ni escuchar nada más. Se puso unos tapones en los oídos e intentó dormir, pero no pudo. Escuchó todas las campanadas de todas las horas de la noche. Y ya cuando amanecía, se quedó un poco traspuesto, como adormilado. A la mañana siguiente, cuando se despertó y vio que estaba vivo, se pellizcó y salió saltando de la cama, se vistió, cogió muchos billetes de su caja fuerte y se fue a la mejor cafetería de la ciudad a tomar un desayuno completísimo. Fue a los grandes almacenes y llenó un carro de regalos y comida. Fue a casa de su empleado Bob y se la llenó de regalos y de comida variada. Le dijo que le iba a aumentar el sueldo ¡se lo triplicaba!, que hoy por supuesto no tenía que ir a trabajar, que le daba libre los domingos y los sábados por la tarde y que le cambiaba el horario: tenía que trabajar de nueve de la mañana a siete de la tarde, teniendo entre medias dos horas para ir a comer a su casa. Se despidió hasta el lunes. Compró montones de leña que la repartió entre su casa y su oficina y prendió de inmediato ambas estufas, dejándolas encendidas para que se caldearan los dos sitios, que estaban helados. Al salir de su tienda, dio un montón de billetes a la niña mendiga y buscó a los niños de los villancicos y les llenó los bolsillos de golosinas y dinero. Compró luces y bombillas e iluminó toda la fachada de su tienda. Cambió toda la decoración tétrica de la tienda y la modernizó, la reformó totalmente, puso amplios ventanales para que entrara la luz, instaló luz eléctrica en toda la tienda y en su casa también, tirando todas las velas a la basura. El Sr. Scrooge se dio cuenta de que había sido un egoísta, ambicioso y huraño y que no ganaba nada siendo así, al contrario, estaba perdiendo lo mejor de la vida: vivir, y disfrutar de ella. Finalmente, fue a la casa alquilada de su sobrino Smith, les obligó a hacer las maletas corriendo y les llevó a todos a su casa. Les dijo que se iban a quedar a vivir con él, en su gran casa, donde cada sobrinito tendría su propia habitación. Y aceptaron encantados, y vivieron felices juntos. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! 10月29日 EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD (versión larga)EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS… EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS ¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD! TODOS JUNTOS, ¡MUY CONTENTOS! FUERON AL NIÑO A ADORAR SON MUCHOS LOS REGALOS QUE AL NIÑO LE VAN A ENTREGAR
HAY QUE ESTAR MUY CALLADITOS SI LES QUEREMOS ESCUCHAR YO SOY PULGARCITO Y TE VOY A REGALAR PARA QUE NO TE PIERDAS MUCHAS MIGUITAS DE PAN YO SOY CAPERUCITA ROJA Y PARA MERENDAR TE REGALO MI CESTA CON MIEL, GALLETAS Y PAN Y YO, EL LOBO FEROZ, TE ABRAZO Y TE BESO PORQUE ESTAMOS EN NAVIDAD (¿Quién teme al lobo feroz, lobo feroz, lobo feroz…?) YO SOY GUILLERMO TELL EL ARQUERO SUIZO ¡QUÉ BIEN SE ME DA! Y TE REGALO MI MANZANA ¡COMIDA SANA! PARA DESAYUNAR Y YO, LA DULCE BLANCANIEVES, TE TRAIGO OTRA IGUAL, PERO ÉSTA, SIN ENVENENAR, ¡NO TEMAS! ¡TE VA A ENCANTAR! AIBÓ, AIBÓ, AL NIÑO A ADORAR LALÁ, LALÁ, LALÁ, LALÁ, AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ, PORQUE YA ES NAVIDAD, LALÁ, LALÁ, LALÁ, LALÁ, AIBÓ, AIBÓ, AIBÓ.
YO SOY LA CENICIENTA Y PARA QUE TE DÉN SUERTE Y CON ELLOS PUEDAS ANDAR TE REGALO MIS ZAPATITOS DE CRISTAL Y YO, SU PRÍNCIPE ENAMORADO, TE REGALO MI CAPA PARA QUE TE TAPES, ¡NO TE VAYAS A ENFRIAR! YO SOY LA RATITA PRESUMIDA Y COMO SOY MUY COQUETA TE REGALO MI LAZO ROJO Y MI BRILLANTE MONEDA Y YO, EL SASTRECILLO VALIENTE, PARA COSER TUS PRENDAS TE DOY DE MI COSTURERO MIS HILOS DE LINO Y DE SEDA YO SOY PINOCHO, YO ANTES ERA ASÍ, UN MUÑECO DE MADERA, ¡TOMA! PARA TI, PARA QUE JUEGUES Y NUNCA MIENTAS Y NO TE CREZCA LA NARIZ
Y YO, SOY LA SIRENITA LA REINA DE LOS MARES Y TE REGALO ESTA CARACOLA PARA QUE ESCUCHES LAS OLAS (Bajo el mar… bajo el mar…
NOSOTROS SOMOS LOS TRES CERDITOS Y PARA CUANDO TE HAGAS TU CASA TE DEJAMOS: - CERDITO 1. YO UN MONTÓN DE PAJA EN ESTA CASA - CERDITO 2. YO TODA ESTA MADERA CON MUCHA SOLERA - CERDITO 3. Y YO UN PAR DE LADRILLOS PARA QUE EMPIECES CON SALERILLO. YO SOY RICITOS DE ORO Y TE TRAIGO UNO DE MIS TRES OSITOS: (Dirigiéndose al osito) “PORTATE BIEN CUANDO JUEGUES CON ÉL”
- YO SOY HANSEL - Y YO SOY GRETEL (Los dos) Y TE VENIMOS A TRAER TURRÓN, CARAMELOS CHOCOLATE Y MIEL. YO, EL SOLDADITO DE PLOMO TE REGALO MI TAMBOR PARA QUE TOQUES CON PRIMOR Y YO, SU BAILARINA ENAMORADA, TE DEJO MIS ZAPATILLAS DE BALLET PARA QUE CON ELLAS BAILES MUY BIEN YO SOY ALADINO TE REGALO MI LÁMPARA MARAVILLOSA CUÍDALA MUCHO, ES MUY VALIOSA. YO SOY EL FLAUTISTA DE HAMELÍN Y MI FLAUTA ENCANTADA TE DOY PARA QUE, CUANDO QUIERAS, LA TOQUES UN POQUITÍN ¡HI, HI, HI…! NOSOTRAS SOMOS SUS RATITAS Y TE QUEREMOS REGALAR UN TROZO DE QUESO POR SI LO QUIERES PROBAR YO SOY ALÍ BABA Y EL TESORO DE LOS CUARENTA LADRONES TE QUIERO REGALAR Y NOSOTROS, EN NOMBRE DE LOS CUARENTA LADRONES TE ENTREGAMOS NUESTRAS ESPADAS PARA QUE DE LUCHAR SE NOS QUITEN LAS GANAS YO SOY LA BELLA DURMIENTE Y TE QUIERO REGALAR LA AGUJA PERO CON UN DEDAL PARA QUE NO TE PINCHES NUNCA JAMÁS Y YO, EL BELLO PRINCIPE UN GRAN BESO TE DOY PERO SIN TU DULCE SUEÑO INTERRUMPIR Y YO, QUE VENDO CERILLAS EN UNA PLAZA COMO NO TENGO NADA TE REGALO MI CORAZÓN ENTREGANDOTE TODO MI AMOR AUNQUE CADA PERSONAJE ES DE UN CUENTO DIFERENTE NO SE HAN QUERIDO PERDER EL MOMENTO TAN IMPORTANTE QUE ES PARA UN BEBÉ NACER. HAN SIDO MUCHOS LOS REGALOS QUE AL NIÑO HAN VENIDO A TRAER HAN LLEGADO DE MUY LEJOS PORQUE LE QUERÍAN CONOCER. HAN HECHO UN GRAN ESFUERZO POR ESTAR TODOS AQUÍ MERECEN UN FUERTE APLAUSO APLAUDE, APLAUDE, QUE LO OIGA EL CHIQUITÍN. Y PARA TERMINAR, COMO ESTAMOS EN NAVIDAD, VAMOS TODOS JUNTOS, A BAILAR AL COMPÁS. EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD (versión corta)EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS YA LLEGÓ LA NAVIDAD Y ya que estamos en Navidad, os voy a recitar una poesía que me recitaron a mí ayer en la hora mágica, entre todos los personajes de los cuentos, al unísono, y quiero compartirla con vosotros ¿Os gustan las poesías? A mí me chiflan, a ver si os gusta ésta:
EN EL MUNDO DE LOS CUENTOS ¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD! TODOS JUNTOS, MUY CONTENTOS, FUERON AL NIÑO A ADORAR.
PULGARCITO LE LLEVABA MUCHAS MIGUITAS DE PAN CAPERUCITA, UNA CESTA CON MIEL, GALLETAS Y FLAN.
GUILLERMO TELL, SU MANZANA, BLANCANIEVES, OTRA IGUAL, LA RATITA PRESUMIDA SUS LAZOS, SU MONEDA, Y SUS GANAS DE CASAR, Y EL SASTRECILLO VALIENTE, HILOS DE SEDA Y DEDAL.
CABELLOS DE ORO UN OSITO DE PELUCHE, NO DE VERDAD, HANSEL Y GRETEL, TURRÓN, CHOCOLATE Y AZÚCAR GLASS.
EL SOLDADITO DE PLOMO SUS MULETAS Y UN TAMBOR Y LA PEQUEÑA CERILLERA COMO NO TENÍA NADA LE ENTREGÓ SU CORAZÓN. LA REINA DE LAS NIEVESLA REINA DE LAS NIEVES ( basado en un cuento de Andersen ) Allá por el Polo Norte, donde viven los esquimales, vivían dos buenos amigos; Hanoi, el niño esquimal, y Berta, su amiga esquimal también. Se querían mucho, eran muy buenos amigos. Iban a la escuela juntos, en su trineo, tirado por varios hermosos y fuertes renos polares. La escuela estaba muy lejos de su poblado, así que todos los días se hacían unos cuantos kilómetros de esta manera. Cuando no había colegio, se pasaban todo el día jugando juntos en la nieve con sus deslizadores. Entonces, sucedió un día, que Hanoi, cuando mejor se lo estaba pasando jugando con su amiga Berta en la nieve, se cayó del trineo y se clavó la vara del trineo debajo del brazo. Hanoi gritó de dolor y rabia y, desde ese mismo instante, cambió por completo. Ya no era aquél niño simpático y amable que jugaba con su amiguita, se convirtió en un niño malísimo que no hacía más que trastadas, portarse mal a todas horas y desobedecer a sus padres. Un día incluso, cuando Berta fue a buscarle para jugar con él, la empujó y la tiró al suelo diciéndola: “Vete de aquí, déjame en paz, yo no juego con niñas mocosas como tú” Y Berta lloraba desconsoladamente día tras día, sin ver a su amiguito. Parecía que se le hubiera tragado la tierra, nunca le veía por ahí, ni estaba en su casa cuando le iba a buscar. Un día, un viejo esquimal del poblado, le contó a Berta que había visto pasar a Hanoi montado en la Carroza de la Reina de las Nieves. Entonces Berta decidió ir a buscarle, aunque tuviera que ir al otro extremo de la tierra, al otro Polo, al Polo Sur, donde había oído decir que hacía mucho más frío que en el Polo Norte, y donde apenas vivían seres humanos ni animales, ni plantas. Se adentró en el gran bosque de árboles nevados pensando que a lo mejor por allí tenía sus dominios la Reina de las Nieves. Entonces un pajarito se posó en su hombro y le preguntó qué le pasaba. Berta se lo contó todo y el pajarito, compadecido, le dijo: “Yo te guiaré hasta su palacio, pero lo más difícil es entrar en él”. Berta se dejó guiar por él y al cabo de un tiempo de andar por el bosque vieron un barranco bajo el que corría un río. Bajaron hasta el fondo y allí el pajarito silbó tres veces y, en seguida, de las gélidas aguas del río emergió una lancha muy bella. “Sube aquí y no tengas miedo. La lancha sabe dónde tiene que ir y yo volaré a tu lado, sobre tu cabeza” Efectivamente, la corriente llevaba la lancha abajo, abajo, dejando atrás el bosque, árboles, montes y valles, el poblado esquimal, otros poblados, cruzaron otros pueblos, otros países y otros continentes, verdes prados, altas montañas, llanuras, espesos bosques, grandes ciudades, pequeños pueblos… hasta que volvieron a ver de nuevo la nieve, paisajes cubiertos completamente por la nieve, blancos, helados, a temperaturas bajo cero. Hasta que llegaron a un lugar muy frondoso, lleno de blancos árboles, en medio del cual, se alzaba majestuoso y señorial el Gran Palacio de Hielo de la Reina de las Nieves. Berta bajó de la lancha y, siempre escoltada por el pajarillo, llegaron ante las puertas del palacio, que eran grandes bloques de hielo. Berta llamó con los nudillos tan fuerte como pudo hasta hacerse daño. Pero todo fue inútil. Nadie acudió a abrirles, ni había manera alguna de forzar o derribar aquellas enormes moles de hielo congelado. El pajarillo fue a consultar con el Rey de los Ratones y con el de los Topos para ver si había alguna posibilidad de abrir una galería bajo el hielo. El Rey de los Ratones dijo que sus súbditos podían abrirlas en cualquier sitio, menos en el hielo, porque era más fuerte que sus pequeños dientecillos; y el Rey de los Topos confesó que siempre que sus arquitectos lo habían intentado, se habían estrellado contra la dureza del hielo. Al oír esto, tan malas noticias, Berta se echó a llorar y nada ni nadie podía contener sus lágrimas, que caían a borbotones sobre las enormes puertas de hielo. Y en aquél momento, ¿qué creéis que sucedió? Pues que, al calor de las ardientes lágrimas de Berta, las puertas empezaron a derretirse, a deshacerse y, en un santiamén, se formó a sus pies un enorme charco de agua. Todos entraron precipitadamente en el palacio de cristal y, allí, en una alcoba de seda azul y bordados dorados, estaba Hanoi, dormido o encantado. Berta lo llamó intentando despertarle, mientras el pajarillo, el ratón y el topo intentaban reanimarle, pero todo era en vano. De repente, se oyó una voz terrible que salía no se sabe de dónde y decía: “¿QUIÉN HA OSADO ENTRAR EN MI GRAN PALACIO DE CRISTAL? ¿QUIÉN HA DERRETIDO MIS POTENTES PUERTAS DE HIELO? QUIEN QUIERA QUE HAYA SIDO, LO ENCONTRARÉ Y LO PAGARÁ CARO, QUEDÁNDOSE PARA SIEMPRE ENCERRADO EN MI CÁRCEL DE CRISTAL.” Era la voz de la Reina de las Nieves que se escuchaba por todo el palacio y salía de todo él. Así que Berta, muy asustada y creyendo muerto a Hanoi, se inclinó sobre él y le besó en la frente a modo de despedida, con tanto amor y dulzura que Hanoi, en ese momento, se despertó, se incorporó y, aturdido todavía, reconoció a su querida amiga, a la que echó los brazos al cuello abrazándose los dos fuertemente, pidiéndola que le sacara de allí. Corriendo todo lo que pudieron salieron todos de allí y montaron en la lancha, que les llevó de vuelta a su poblado esquimal, en el Polo Norte, atravesando países, continentes, llanuras, ciudades… Todo el poblado les recibió con mucho júbilo y entusiasmo y ellos siguieron siendo amigos durante muchos años hasta que se casaron y vivieron felices y comieron perdices y a la boda invitaron ¿cómo no? Al pajarito-guía, al Rey de los Ratones y al Rey de los Topos, que, les gustó tanto el Polo Norte, que se quedaron a vivir con ellos porque hacía mucho menos frío que el Polo Sur.
¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !! ¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! LAS TRES HIJAS DEL REY Y GORRA DE JUNCOLAS TRES HIJAS DEL REY Y GORRA DE JUNCO
Érase una vez que se era, un poderoso Rey que tenía tres hijas hermosísimas, de las que estaba muy orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto, gracia y soltura, con la menor, a la que él amaba más que a ninguna persona en el mundo. Las tres estaban prometidas con tres príncipes de sangre real y eran muy felices con sus futuros esposos. Un día, viendo que se estaba haciendo viejo y que las fuerzas le fallaban, el Rey convocó a toda la corte, a sus hijas y a sus prometidos, a los que se dirigió diciéndoles: “Os he reunido a todos aquí porque me siento muy viejo y no puedo seguir reinando, así que he pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros que me servirán. Eso sí, las tres partes serán proporcionales al cariño y amor que mis hijas sientan por mí.” Entonces, se hizo un grandísimo silencio en la sala. El Rey preguntó a NURIA, la mayor: “¿Cuánto me quieres, hija mía? “Más que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidaré, déjame la parte más grande de tu reino porque te quiero mucho.” El Rey preguntó entonces a SONIA, la mediana: “Y tú, hija, ¿cuánto me quieres?” “Yo te quiero mucho más, más que a nadie en el mundo, así que déjame la parte más grande y vente a vivir conmigo que yo te cuidaré.” Y, en último lugar, el Rey preguntó a ALBA, la menor: “Y tú, princesita mía, ¿cuánto me quieres?” Alba, tímidamente, y sin levantar los ojos del suelo, murmuró: “Yo, papá, te quiero como un hijo debe querer a su padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal”. El Rey, al oír esa respuesta tan simplona y tan poca cosa, tan corta, se enfadó mucho, montó en cólera y estaba tan decepcionado con la respuesta de su hija menor que respondió malhumorado: “¿Sólo eso me quieres? Pues bien, dividiré mi Reino entre mis dos hijas mayores y tú no recibirás nada porque creo que no me quieres lo suficiente” En ese mismo instante, el prometido de la menor de las princesas se marchó silenciosamente del salón real y se fue porque pensó que si la princesa se iba a quedar sin nada, en la calle, sin herencia, ya no le convenía, aunque estuviera muy enamorado de ella, como lo estaba. Las dos hermanas mayores se rieron de su hermana menor y la recriminaron su conducta, humillándola. Ella se disculpó como pudo, porque las palabras apenas le salían de la boca, del disgusto que tenía. “Yo no sé expresarme bien, no sé hablar tan bien como vosotras. Pero quiero a nuestro padre tanto como vosotras dos. Así que, no me importa, me alegro por vosotras que siempre habéis querido heredar el reino de nuestro padre y ahora ya lo poseéis. Espero que lo disfrutéis” Y se despidió de todos llevando solamente la ropa que tenía puesta. Y salió de palacio empezando a caminar, hasta que llegó a un hermoso lago en el que se balanceaban con el viento unos hermosos y altos juncos. Entonces ALBA, la pequeña princesita, se hizo ella misma un traje con esos hermosos juncos verdes y un gorro a juego, para ocultar su bella y larga melena rubia, ya que no quería que nadie la reconociera porque estaba avergonzada de lo que le había ocurrido con su padre, el Rey. Después de andar días y días, llegó a un hermoso Palacio y entró en la Cocina Real a pedir trabajo de cocinera. La cocinera jefa la miró de arriba abajo y la llamó GORRA DE JUNCO y se rió de ella y, compadecida, la dejó quedarse a trabajar porque había mucho que hacer y realmente necesitaban ayuda. Le contó que el Rey de ese país había muerto y que su hijo había heredado el trono y que ahora reinaba el país y que daba muchas fiestas porque buscaba esposa y quería encontrarla pronto. Decía una leyenda que no la encontraba porque él ya estaba enamorado de una princesita que dejó de serlo y tuvo que dejarla obligado por su padre, que no le dejó casarse con una desheredada, aunque fuera de sangre real. Alba se quedó a trabajar en la Cocina del Rey, pero no le pagaban sueldo alguno, sólo percibía las migajas de comida que sobraban y dormía en la despensa de la cocina sobre un montón de paja. Por otro lado, el Rey, el padre de las tres hijas del principio de esta historia, dejó de serlo un día, cuando ya no pudo más por su vejez, ya no podía reinar el país y se fue con sus cien caballeros a la gran casa y hacienda de NURIA, su hija mayor, la cual, al verle a él y a su séquito, le dijo de muy mal humor: “¿No pensarás quedarte aquí a vivir con cien nuevas bocas que alimentar? ¿estás loco? Sois muchos, si fueran cincuenta, todavía, así que, no, aquí no os podéis quedar. Ni hablar. Fuera de mis posesiones” El padre, sorprendido por la reacción de su hija mayor, le dijo: “¿Cómo, así que eso es lo que opinas? Te regalo la mitad de mis tierras y de mi reino y eres incapaz de alojarnos a todos contigo? Pero si tienes sitio para todos y para muchos más. Egoísta. Me voy con Sonia” Llegó al palacete de su hija mediana con su séquito, la cual le dijo: “Pero, ¿a dónde crees que vas con esos cien hombres? Son demasiados. Si te quieres quedar tú solo, yo te acepto, pero a nadie más” “Eres una desagradecida, por lo menos tu hermana mayor me aceptaba a cincuenta de mis hombres, pero tú a ninguno, así que me voy con ella” El anciano, despidió a la mitad de su guardia, les deseó lo mejor y se encaminó con sus cincuenta caballeros a la casa de su hija mayor. Cuando el guardián de la torre de la gran casa de NURIA divisó llegar al Rey con su séquito, avisó a su ama y señora, quien les mandó cerrar las puertas de inmediato con orden de no dejarles entrar, porque eran demasiados. Entonces el Rey, apenado, defraudado y decepcionado con sus dos hijas mayores, despidió a los cincuenta hombres que le quedaban y se fue vagando por ahí por los montes y bosques, teniendo que vender hasta su caballo y sus lujosas ropas para sobrevivir. Un día, llegó a una choza abandonada en la que se quedó a vivir. Cerca había una huerta seca y descuidada a la que empezó a cuidar y enseguida obtuvo de ella alimentos con los que poder subsistir, comiéndolos y vendiéndolos. Mientras tanto, un día en que GORRA DE JUNCO, es decir, ALBA, andaba por el bosque buscando setas para hacer un sabroso pastel a su Rey, vio a un anciano sentado en la puerta de una choza y cuando se acercó para saludarle, le reconoció en seguida ¡era su padre! No le dijo nada y le dio los buenos días. Él estaba un poco ciego por la edad y había perdido un poco de oído, así que no reconoció a su querida hija pequeña. Se hicieron amigos y ella iba a visitarle a menudo, llevándole cuanta comida podía conseguir sacar de la despensa del Reino, sin que su cocinera jefa se enterase. Le hacía la comida, le arreglaba la casa, le lavaba la ropa… y él le quedaba muy agradecido por la ayuda prestada. Y pasó el tiempo… Un día iba a celebrarse en Palacio un gran baile, de esos que organizaba el Rey de vez en cuando para buscar esposa. La cocinera real dijo que el personal estaba invitado a servir el banquete, cosa que nunca ocurría. Alba se lavó y planchó el traje de junco y se quitó la gorra. Se peinó su larga melena rubia y empezó a servir el banquete. Cuando el Rey la vio, se quedó maravillado de su hermosa melena y pensó: ¡Dios mío! Es igualita que la princesa de la que yo estaba enamorado, es hermosísima… Y le preguntó si quería bailar con él. Alba dejó la bandeja y aceptó la invitación. Al terminar el baile, se despidieron. A la mañana siguiente, la cocinera jefa riñó gorra de junco porque al Rey no le había gustado el desayuno que le había preparado. Lo que pasaba es que el Rey pasaba los días triste y sin apetito porque no sabía quién era la bella del baile. Pasaban los días y el Rey no comía, no le gustaba nada, y seguía riñendo a la cocinera jefa, la cual reñía a su vez a la pequeña cocinerita gorra de junco. Una mañana, harta ya de las regañinas del Rey, la cocinera jefa mandó a gorra de junco que hiciera ella misma y sola el desayuno del Rey para así librarse ella de las riñas. Gorra de junco le preparó un espléndido y delicioso desayuno y el Rey mandó llamar a la cocinera jefa. Le preguntó que quién había preparado el desayuno y ella enseguida se defendió: “Yo no he sido, ha sido mi ayudante, una inexperta…” Pues que venga enseguida ante mi presencia. En cuanto la vio más de cerca y de día, la reconoció al instante. “Eres tú, mi Alba querida, ¿podrás perdonarme algún día por lo que te hice al abandonarte? Nunca me he olvidado de ti, sigo perdidamente enamorado de ti” Ella le enseñó su anillo de prometida, demostrándole que tampoco le había olvidado. Se celebraron las bodas. Alba invitó a su padre y éste no sabía cómo disculparse, cómo pedirle perdón por lo que le había hecho, cuando descubrió que la que le visitaba a diario en su humilde choza y le ayudaba en todo, era su querida hijo menor, Alba, a la que desheredó porque pensó que no le quería lo suficiente… Durante el banquete nupcial, todos los invitados se quejaron de que la comida estaba sosa e insípida y la dejaban en el plato sin comérsela. Alba entonces, ordenó que trajeran sal, mirando a su padre. Los invitados echaron la sal en la comida y entonces sí que todos se lo comieron todo, porque estaba buenísimo. Sólo entonces, el padre de Alba entendió la metáfora que su hija había empleado para explicar cuánto quería y necesitaba a su padre.
¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !! ¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! LOS TRES PELOS DEL DIABLOLOS TRES PELOS DEL DIABLO (basado en un cuento de los Hermanos Grimm) Érase una vez que se era, en un país muy lejano hace mucho tiempo, vivía un Rey muy poderoso, rico y ambicioso que, junto con su mujer, la Reina, querían tener un hijo para que heredara el trono y reinara su país. Pero tuvieron una hija, muy bella, rubia y de ojos azules. Entonces, el Rey dijo que, ya que era una niña, y no un niño, tendría que casarse con un príncipe de sangre real, de sangre azul, hijo de un sultán, de un Rey o de un Emperador, digno de heredar su reino. Ese mismo día, en el bosque, el carbonero del reino y su mujer, también tuvieron un hijo, era niño, muy morenito y de ojos negros como el azabache. El mago del bosque fue a visitarles y a darle sus bendiciones y desearle lo mejor. Tenía un cariño especial a esa pareja de trabajadores tan pobres y honrados y tocó a su hijo con la varita mágica y le dijo que llegaría a ser alguien importante en la vida. Se despidió porque también tenía que ir a Palacio a dar sus bendiciones a la hija del Rey, que también había nacido hoy. En Palacio, el mago se acercó a la niña y le dio sus bendiciones. El Rey le preguntó por su futuro, si se casaría con un joven príncipe de sangre real y el mago le dijo que no sería de sangre azul, pero que sí sería un joven mozo muy honrado y trabajador, inteligente y espabilado. De hecho, también había nacido hoy, y era el hijo del carbonero del reino. El Rey creyó que le estaba tomando el pelo y le expulsó de palacio. Pasaron diez años y el Rey no olvidaba las palabras del mago, y fue al bosque a la casa de los carboneros para conocer a su hijo, dispuesto a llevar a cabo un malvado plan. Entró en la casa, todos le hacían reverencias, saludos muy educados, y asombradísimos de que el mismo Rey se hubiera dignado a ir a su casa, todavía no se lo podían creer. Dijo que quería conocer a su hijo y se lo presentaron. Les preguntó si se iba a dedicar a ser carbonero toda su vida o a otra cosa y los padres le respondieron que como eran pobres, no podían hacer otra cosa, más que trabajar con ellos, era su sino, no podían mandarle a estudiar o a trabajar en algo mejor, pero que ese trabajo era tan digno como cualquier otro. Entonces el Rey dijo que les había caído bien y que tenía un amigo comerciante que le podría enseñar su oficio y ganar más que un pobre carbonero. Los padres aceptaron encantados y se despidieron hasta que el niño tuviera edad de trabajar y les mandaría al comerciante para que aprendiera su oficio con él. Al cabo de 6 años, cuando el hijo de los carboneros cumplió la edad de trabajar, el Rey, disfrazado de comerciante, fue a buscarle a su casa del bosque. Se despidieron con lágrimas en los ojos y emocionados abrazos y se fueron. Al llegar a un pozo, el falso comerciante, empujó al chico dentro de él para que se ahogara, pero ese año había sequía y el pozo estaba vacío de agua, pero lo que sí había era un montón de hojas y ramas secas que amortiguaron el golpe y sobrevivió a la caída. Empezó a gritar pidiendo auxilio y pasó por allí una viejecita con su rebaño de ovejas que le ayudó a salir con la cuerda del pozo. Le ofreció ir con ella y enseñarle el oficio de pastor para que la ayudara con su rebaño, porque ella ya estaba muy anciana y necesitaba ayuda. Le daría de comer y le pagaría un sueldo. El chico aceptó enseguida encantado. Vivió con ella dos años, hasta que cumplió los dieciocho, un día en que, como siempre, cuidaba el rebaño de ovejas, pasó por allí el malvado Rey, que iba de cacería y reconoció al pequeño carbonerito. Escribió una carta rápidamente y le dijo al chico: muchacho, ¿me puedes hacer un favor? Soy el Rey, lleva rápidamente esta carta a la Reina, que es muy urgente y te daré unas monedillas de oro en señal de agradecimiento ¿de acuerdo? El carbonerito, ahora pastor, aceptó. Pero no sabía dónde estaba el palacio, así que se perdió y se encontró con un ermitaño que vivía en una cueva del bosque al que preguntó por el camino de palacio. El ermitaño se extrañó mucho porque el mismísimo Rey enviara a un pobre pastor con una carta para la Reina, en vez de mandárselo a un criado, paje o guardián, con todos los que tenía, y le pidió que le enseñara la carta, leyendo lo que ponía: “Esposa, ordena matar de inmediato al portador de esta carta” Entonces, el ermitaño, cambió la carta por otra que ponía: “Esposa, ordena de inmediato casar al portador de esta carta con nuestra hija” Le indicó el camino y el pastorcito llegó a palacio y entregó la carta a la Reina, la cual, en cuanto la leyó, obedeció corriendo a su marido, aunque, eso sí, algo extrañada por petición tan extraña, pero, haciendo lo que él le pedía para no contrariarle, porque ya sabía cómo se ponía cuando no cumplían sus órdenes. Ellos dos se enamoraron nada más verse, se celebraron las bodas, se casaron de inmediato. A los dos días, el Rey regresó de la cacería y al ver lo que había ocurrido y que ya no había vuelta atrás porque ya estaban casados, tal como había pronosticado el mago dieciocho años antes, enfurecido, mandó llamar al carbonerito y le dijo: “Como no tienes sangre real y creo que no mereces heredar mi reino, te voy a poner una prueba muy difícil. Sólo si la superas, lo heredarás. Ahora, si no la superas, os expulsaré a los dos de aquí y nunca más volveréis por estos lugares. Irás en busca del Diablo y me traerás TRES PELOS de su barba, que dicen que es de oro, y yo no me lo creo” El carbonerito se despidió de su esposa y se puso en camino. No sabía dónde vivía el diablo, así que, al primer granjero que encontró en una granja, le pidió que le indicara dónde vivía el Diablo. “Te lo diré si tú me dices por qué mis vacas, que antes eran las que más leche daban del país, ahora ya no dan ni gota, están secas. ¿Por qué? - Vale, te lo diré, pero a la vuelta. Te lo prometo. - De acuerdo. Confío en ti. El Diablo vive en una de aquellas cuatro montañas que se ven allí delante. Cerca de las cuatro montañas, había una pequeña aldea, y el carbonerito preguntó a un aldeano en qué montaña vivía el Diablo. - Te lo diré si me contestas por qué está la aldea invadida de ratas. - Vale, te lo diré, pero a la vuelta. Te lo prometo. - De acuerdo. Confío en ti. Vive en la de la izquierda del todo, pero no sé en cuál de las ocho cuevas que hay allí, vive, nadie lo sabe. Llegó a la base de la montaña y había una barrera que impedía el paso, vigilada por un guardabarreras con una bandera en la mano y con una barba muy larga que le llegaba hasta el suelo. - ¿Me puedes indicar en qué cueva vive el Diablo, por favor? - Sí, pero antes dime por qué estoy condenado a estar aquí día y noche vigilando esta barrera. - Vale, te lo diré, pero a la vuelta. Te lo prometo. - De acuerdo, confío en ti. Vive en la tercera por la derecha, la roja, es inconfundible. El carbonerito llegó a la gran cueva roja y entró con tan buena suerte que el Diablo estaba durmiendo. Un diablillo muy gracioso que andaba por allí, le hizo tanta gracia el chico tan atrevido, que se hizo su amigo y le contó toda su aventura, su problema y la prueba a la que le había sometido el Rey, así como las tres preguntas que debía contestar a los que le habían ayudado a encontrar la casa del Diablo. El diablillo le prometió ayudarle, tú déjame a mí, le dijo. Se acercó al diablo, que estaba roncando profundamente, y ¡PIN! Le arrancó un pelo de su dorada barba. - ¡Ay! ¿Qué ha pasado? - Nada, mi amo, que tenías una pesadilla, soñabas que el granjero no sabe por qué sus vacas ya no dan leche… - JA, JA, JA, ¡qué tonto! Porque yo me la bebo toda por las noches - Ah, pues sigue durmiendo, tranquilo, que yo velo tu sueño. El Diablo volvió a dormirse y el diablillo le arrancó otro pelo ¡PIN! - ¡Ay! ¿Qué pasa? - Nada, mi amo, que tenías otra pesadilla, soñabas que la aldea está invadida por las ratas y los aldeanos no saben por qué… - JA, JA, JA, ¡qué tontos! Porque yo por las noches bajo a la aldea y me como todo lo que encuentro en sus despensas, armarios y alacenas, y las pobres ratas lo invaden todo buscando comida. - Ah, pues sigue durmiendo, tranquilo, que yo velo tu sueño. El diablo volvió a dormirse y el diablillo le arrancó el tercer pelo ¡PIN! - ¡Ay! ¿Qué pasa ahora? - Nada, mi amo, otra pesadilla: el guardabarreras no sabe por qué está condenado a no moverse de la barrera que vigila… - JA, JA, JA, ¡qué tonto! Lo que tiene que hacer es darle la bandera al primero que pase por allí y salir corriendo sin parar - Ah, pues sigue durmiendo, tranquilo, que yo te velo El Diablo volvió a dormirse y el diablillo le dio al carbonerito los tres pelos de oro de su barba, además de un gran saco de oro y las tres respuestas a sus preguntas. El carbonerito volvió a Palacio y por el camino de vuelta fue respondiendo las tres preguntas a los que se las hicieron, tal como les había prometido. Cuando llegó a Palacio y le dio al Rey los tres pelos de oro y el gran saco de monedas de oro, el Rey salió corriendo en busca de la cueva del diablo a conseguir más oro, porque era muy avaricioso y quería más. Y ¿qué creéis que pasó? Pues que en cuanto llegó a donde estaba el guardabarreras, éste le pidió que le sujetara la bandera mientras le levantaba la barrera y echó a correr como alma que lleva el diablo, y allí se quedó el Rey, con la bandera en la mano y sin poder moverse, y allí sigue todavía, día y noche, con una barba larguísima. Entonces, como el Rey no volvía, el carbonerito y su mujer, se convirtieron en Rey y Reina del país y gobernaron con rectitud y honradez, siendo justos con todos los habitantes del Reino, además, invitaron a sus padres a vivir en Palacio con ellos, y todos juntos fueron muy felices para siempre.
¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA, HA TERMINADO !! ¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !!
EL ENANO SALTARÍNEL ENANO SALTARÍN (basado en un cuento de los Hermanos Grimm)
En un país muy lejano hace muchos, muchos años, vivía un Rey que buscaba esposa para casarse y hacerla Reina. Publicó un bando que el pregonero real lo iba diciendo por todo el Reino: SE HACE SABER QUE NUESTRO SOBERADO REY ANDA BUSCANDO MOZA PARA CASARSE CON ELLA Y CONVERTIRLA EN REINA Y ESPOSA Un sastre muy pobre que oyó el bando, se hizo ilusiones pensando que su hermosa e inteligente hija podría ser con quien se casara el Rey. Y decidió presentarse ante el Rey para decirle: - “Su majestad, mi hija es muy hermosa muy bella, lista e inteligente además, tiene la gran habilidad de convertir la paja en oro” - “Eso es imposible, sería una hazaña que lo pudiera hacer…” - “Que sí, que es verdad, que lo hace, es muy hábil con la rueca” - “No te creo. Tendrás que demostrármelo. Trae a tu hija aquí y lo comprobaré con mis propios ojos. Ahora, si me has mentido, os mataré a los dos. A ti por embustero y a ella por no ser capaz de realizar semejante hazaña” Así se hijo. La hija del sastre llegó al castillo del Rey y éste la encerró en un cuarto lleno de paja, con una rueca y un huso y la dijo que si a la mañana siguiente no la había convertido toda en oro, la mataría a ella y a su padre, por mentirosos. La pobre chica, al quedarse sola, se puso a llorar desconsoladamente porque sabía que no iba a ser capaz de hacerlo. Realmente, su padre había mentido para asombrar al Rey y hacerle desear conocer a su brillante hija, creyendo que se casaría con ella sin comprobar si era cierto o no lo que le contaba. Mientras lloraba, de repente, no se sabe ni cómo ni de dónde ni de qué manera, apareció ante ella un enano que no paraba de saltar y brincar - ¿Qué te pasa, bella doncella? - Que tengo que convertir toda esta paja en oro antes del amanecer, si no el Rey nos matará a mi padre y a mí. - Vaya, vaya, yo puedo ayudarte ¿qué me das si lo hago? - Mi collar - No, no, no… - Mi pulsera - No, no, no… - Mi anillo - No, no, no… - Mis pendientes - No, no, no…No quiero tesoros, ya tengo muchos. Quiero algo más humano, menos material… - Pídeme lo que quieras, te lo daré, pero ayúdame, por favor… - Bien. Quiero que cuando tengas a tu primer hijo, el primogénito del Rey, me lo entregues a mí. - No, no puede ser, no creo que yo me case nunca con el Rey… - No importa lo que tú creas. Tú prométemelo - Está bien. Te lo prometo, pero no creo que yo pueda, ni que tú… Y en ese mismo instante el enano saltarín empezó a hilar la paja en la rueca y por el otro lado, salía un finísimo hilo de oro, que fue cubriendo toda la habitación de hermosos destellos dorados. Cuando terminó de convertir toda la paja en oro, desapareció tal y como había llegado, sin saber ni cómo ni por dónde ni de qué manera… Al amanecer entró el impaciente Rey y se quedó maravillado. Ordenó de inmediato que se prepararan las bodas, que duraron siete largos días. Se casaron y al cabo de un tiempo, la ya Reina, tuvo un hijo precioso, el primogénito del Rey. Todo el reino estaba rebosante de alegría y alborozo. Esa misma noche en que nació el Príncipe, apareció de repente el enano saltarín ante la asustada e incrédula Reina: - Vengo a llevarme lo que es mío. Vengo a que cumplas tu promesa de darme a tu hijo, así que, venga, dámelo ya. - No, por favor, te daré riquezas, tesoros, joyas, oro, te daré todo lo que me pidas, pero a mi hijo no ¡no me pidas a mi hijo! - Ya sabes que de esas cosas ando sobrado, yo quiero un niño - Por favor, ten piedad de mí, pídeme otra cosa, a mi hijo no! - Está bien. Me das pena. Pareces una buena mujer. Te daré una oportunidad. Tienes tres días y tres noches para adivinar cómo me llamo, y ésta es la primera noche. Puedes empezar ya. - Antonio, Pedro, Luis, Marcos, Ricardo, Germán, José, Fernando - No, no, no…Nada, no lo aciertas… hasta mañana… - Humberto, Gumensindo, Gaspar, Gregorio, Florencio, Eustaquio… - No, no, no…Nada, sigues sin acertarlo… hasta mañana… La Reina mandó llamar a todos sus guardias y les pidió que buscaran a un enano saltarín y que descubrieran cómo se llamaba, que era muy importante para la felicidad y la seguridad de todo el Reino. Al llegar la noche, la Reina esperaba la llegada de sus guardias. Iban llegando uno a uno y nada, ninguno había descubierto nada. Finalmente, vio llegar a uno que venía jadeando, sudando y muerto de frio, temblando y muerto de agotamiento. “ Señora, mi Reina, he visto algo… allá, en el fondo del bosque donde no llega la luz, he visto una hoguera muy alta y alrededor de ella pegaba unos saltos altísimos un hombrecillo muy pequeño que respondía a la descripción que usted nos hizo y le diré lo que ese enano cantaba y repetía una y otra vez: “HOY VOY A BUSCAR A MI NIÑO NO HA ADIVINADO EL ACERTIJO NO HA DESCUBIERTO QUE ME LLAMO RUIDOQUERITO, RUIDOQUERITO, RUIDOQUERITO…” - Gracias, muchísimas gracias, mi valiente guerrero, no te puedes ni imaginar lo mucho que me has ayudado…” Cuando llegó el enano saltarín, empezó a brincar y a decir: - Venga, venga, que ya es la última noche, no lo vas a acertar, dame a tu hijo, rápido. - Espera, todavía tengo mi última oportunidad, déjame intentarlo. Te llamarás, Godofredo - No, no, no, venga… - Te llamarás Ataúlfo - No, no, no, vamos… - Te llamarás, por alguna casualidad, … ¿ RUIDOQUERITO? - ¡NO, MALDICIÓN, NO PUEDE SER. ESTO ES COSA DEL DIABLO. PERO UNA PROMESA ES UNA PROMESA. ADIÓS!!! Y desapareció dando un terrible puntapié en el suelo, no se sabe ni cómo ni por dónde ni de qué manera y no volvió a vérsele el pelo nunca jamás por esos lugares, viviendo en paz la reina con el rey y su querido hijo. ¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !!
BLANCAFLOR, LA HIJA DEL DIABLOBLANCAFLOR, LA HIJA DEL DIABLO (basado en un cuento tradicional clásico) Érase una vez que se era, un rey y una reina que vivían muy preocupados porque no tenían hijos. Lo deseaban tanto, que un día la reina, paseando por el jardín, vio el reflejo de un ser en el estanque y, sin pensarlo, dijo en voz alta: “Deseo tanto tener un hijo… aunque a los veinte años tuviera que llevárselo ese ser tan monstruoso reflejado en el agua…” No se dio cuenta que ese ser era el mismísimo Diablo y que se enteraba de todos los deseos de la gente y que la escuchó todo lo que dijo. El Diablo era el Rey del País Perdido y vivía en el castillo de Irás y no Volverás. - “ALE HOP, AQUÍ ESTOY, TU DESEO TE LO CONCEDO PERO A LOS VEINTE AÑOS ME LO LLEVO” La reina no le dio importancia a este hecho y se quedó embarazada, tuvo un hijo y todo el reino estaba muy contento. Se celebraron fiestas festejando el feliz acontecimiento. Lo colmaron de bendiciones y lo criaron con alegría y felicidad. El niño se hizo hombre y, el día antes de cumplir los veinte años, su madre salió a pasear al jardín y vio en el estanque la imagen del diablo que le decía: “Recuerda tu deseo y tu promesa. Mañana vendré para llevarme a tu hijo” La Reina se puso a llorar desconsoladamente. Su hijo la vio y le preguntó la razón. Ella se lo contó todo y él le dijo: “No te preocupes, madre, yo romperé mi destino” Y se disfrazó de leñador y se fue de palacio andando con su hacha en mano. En medio de un camino se encontró con una pobre viejecita que pedía limosna. El príncipe le dio las pocas monedas que llevaba encima porque pensó que no le iban a servir para nada. La viejecita agradecida, le dijo: - “Por tu buena acción, te ayudaré, te diré lo que tienes que hacer para encontrar la felicidad. Un poco más adelante encontrarás un río. Verás tres palomas bebiendo que al contacto del agua se convertirán en tres hermosas princesas. Cuando estén bañándose esconde la ropa de la más pequeña, que se llama Blancaflor, es la más bella de las tres y la que tiene más poder. Si te gusta y quieres casarte con ella, tendrás que pedírselo a su padre” Le dio las gracias y se fue. Hizo todo lo que le dijo la anciana, se escondió con la ropa tras unos matorrales y cuando Blancaflor quiso salir del agua, dijo en alto: “¿dónde está mi ropa? La dejé aquí. Quien quiera que me la haya cogido, que me la devuelva, le recompensaré” El príncipe salió de su escondite y le enseñó la ropa, preguntándole: “¿qué me das a cambio?” Blancaflor a cambio le tiró su anillo en agradecimiento y él se lo puso de inmediato. El príncipe le lanzó al aire las ropas y se convirtieron en plumas al contacto con Blancaflor, que al instante, se convirtió en paloma y se fue volando muy alto FLOP, FLOP, FLOP… El príncipe siguió su vuelo andando en su misma dirección. A las tres horas de andar, entró en el País Perdido, al que nadie nunca había logrado llegar, y vio el castillo de Irás y no Volverás. Se acercó a la gran puerta de madera y llamó TOC, TOC, TOC. Salió el Diablo con sus enormes cuernos, sus patas de cabra, sus largas y negras uñas, su pelo rojo y su gran tridente punzante. - JA, JA, JA… ¿Quién eres tú, quién tan mal te quiere que por aquí te envía? Porque por aquí no viene nadie por propio gusto. - Pues yo sí, vengo por propia iniciativa. Nadie me envía. Créelo. Vengo a pedirte la mano de tu hija pequeña, Blancaflor, para que nos dejes casarnos enseguida, porque nos hemos enamorado. - JA, JA, JA… Con que es eso… Está bien. Si eso es lo que quieres, pero no será nada fácil, te pondré tres pruebas y si las superas, entonces, te concederé su mano. - Primera prueba. En un solo día, sembrarás un trigal, lo segarás, lo trillarás, molerás el trigo, amasarás la harina y cocerás muchos panes. Me traerás un cesto lleno de panes recientes. En un solo día. ÑAM, ÑAM, ÑAM… Ya me estoy relamiendo de gusto, qué ricos… El príncipe se alejó muy apenado porque pensó que nunca podría llegar a hacer todo eso en un solo día. Era imposible. Se puso a llorar y cuando se pasó la mano por los ojos para secarse las lágrimas, éstas rozaron el anillo de Blancaflor y, al instante, aparecieron ante él, cientos de diablillos que no paraban de decir: “MÁNDANOS LO QUE QUIERAS HACER QUE TE LO HAREMOS EN UN SANTIAMÉN” Al anochecer, los diablillos ya habían terminado la faena y le llevaron el cesto de panes al príncipe, quien se lo llevó a su vez al Diablo. Éste lo cogió de un zarpazo y se lo comió todo ÑAM, ÑAM, ÑAM. Pensó: “Esto me huele a chamusquinaBlancaflor debe andar por aquí metida” “Uhm, en fin, te diré en qué consiste la 2ª prueba: Plantarás una viña, la regarás y cuidarás, recogerás la uva, la pisarás, la colarás y me traerás un barril lleno de vino recién cosechado. ¡En un solo día!. Uhm, GLU, GLU, GLU, ya me estoy relamiendo de gusto.” El príncipe volvió a salir del castillo llorando porque pensaba que era una prueba imposible de conseguir, pero volvió a ocurrir lo mismo que el día anterior con la primera prueba. Al secarse las lágrimas, el anillo de Blancaflor hizo que aparecieran de nuevo los cientos de diablillos que le dijeron: “MÁNDANOS LO QUE QUIERAS HACER QUE TE LO HAREMOS EN UN SANTIAMÉN” Al anochecer, los diablillos ya habían terminado el encargo, se lo llevaron al príncipe y éste, a su vez, se lo llevó al Diablo. “Trae, GLU, GLU, GLU, ¡qué sed tenía!.” Y se lo bebió todo. Pero pensó: “Esto me huele a chamusquina Blancaflor debe andar por aquí metida” “Uhm… en fin, ahí va la tercera prueba: Plantarás estas semillas, crecerán unas flores, que atraerán a gusanos de seda, les cuidarás para que fabriquen mucho hilo de seda, lo recogerás todo y me confeccionarás un montón de trajes rojos a mi medida. Me traerás un ropero lleno de ropa. Y me vestiré. Y todo en un solo día. Y de nuevo se repite la misma historia. “De acuerdo. Está bien. Has superado las tres pruebas. Te concedo la mano de mi hija. Blancaflor, te casarás con este leñador que me ha pedido tu mano. Iros a descansar y a dormir, que mañana se celebrará la boda por todo lo alto. Pero Blancaflor, que conocía bien a su padre, le dijo al príncipe: “No te fíes de mi padre. Lo que quiere es matarte esta noche mientras estés durmiendo, así que ve a la cuadra y coge el caballo flaco para escaparnos mientras esté durmiendo.” Cuando todos estaban dormidos el príncipe fue a la cuadra y vio dos caballos, uno flaco y otro gordo. No hizo caso a lo que le dijo Blancaflor y creyó que sería mejor si escapaba con el gordo, porque parecía más fuerte. A ella no le hizo mucha gracia, pero montaron rápido. Escaparon a galope pero el Diablo le oyó relinchar JI, JI, JI… y montó al flaco que era más rápido y enseguida les alcanzó. Entonces Blancaflor tiró tras de sí un ABANICO por la cola del caballo gordo mientras decía: ABANICO COLOREADO CONVIERTE EN FUERTE HURACÁN EL AIRE CALMADO Y MANSO Y se formó un gran temporal de aire en contra del Diablo. Pero él lo venció gracias a su caballo flaco, que no ofrecía resistencia al viento. Entonces Blancaflor tiró un PEINE por la cola del caballo mientras decía: PEINE COLOREADO CONVIERTE EN ESPESO BOSQUE LAS FINAS HIERBAS DE ESTE PRADO Y la hierba se convirtió en un oscuro y cerrado bosque lleno de árboles. Pero el Diablo lo incendió con las llamas que salieron de su boca. Entonces Blancaflor tiró un PUÑADO DE HARINA BLANCA por la cola de su caballo gordo mientras decía: PUÑADO DE HARINA BLANCA CONVIERTE EN ESPESA NIEBLA ESTA CENIZA QUEMADA Y se formó una espesa y cerrada niebla que no se veía ni a un palmo de sus narices y el Diablo se desorientó, se perdió y tuvo que dejar de perseguirles, pero dijo con su gran vozarrón: JA, JA, JA… HUID, CORRED, ESCAPAD PERO ÉL PRONTO TE OLVIDARÁ Y SOLA TE DEJARÁ Siguieron huyendo y al llegar a las puertas del palacio del Príncipe, que sólo entonces fue cuando le dijo que no era leñador, sino el hijo del Rey y de la Reina de ese castillo que estaban viendo. Y le dijo: “Espérame aquí, yo vendré a recogerte En la carroza real, como te mereces” Pero recuerda el conjuro de mi padre No dejes que nadie te abrace Si no quieres olvidarme” Pero su abuela que estaba algo sorda, no le oyó y le abrazó. Así que él la olvidó. Pasaron los días y ella seguía esperándole en las puertas del palacio. Hasta que llegó a palacio un teatrillo de marionetas, entonces ella aprovechó para entrar entre ellos, camuflada y escondida. Y empezaron a actuar. Ella cogió una marioneta con un garrote y se puso al lado del príncipe a preguntarle. ¿Te acuerdas del Diablo? -No- Pues toma –Ay- ¿Te acuerdas de los panes, del vino y de los trajes? –No- Pues toma –Ay- ¿Te acuerdas del abanico, el peine y la harina? –No- Pues toma –Ay- Tanto le dolían los golpes al príncipe que le volvió la memoria y lo recordó todo de golpe, hasta recordó a su amada Blancaflor, y SE CASARON ¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !! ¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! LA HIJA DEL PANADEROLA HIJA DEL PANADERO (basado en un cuento de Rodari) El último cuento de GIANNI RODARI es éste. Cuenta una antigua leyenda la historia de por qué las lechuzas, los búhos, ululan. ¿Sabéis lo que es ulular? UH, AH, UH, AH, UH, AH…Hace más de cuatrocientos años, existía un panadero en Inglaterra que era muy tacaño, muy avaro y “agarrao” (se les explica lo que es). Utilizaba siempre la mínima cantidad de ingredientes para conseguir hacer el mayor número de panes. No tiraba ni un pizco de masa ni un mendrugo de pan duro. Pero este panadero tenía una hija, que era todavía peor que él. No sólo era roñosa, sino que, además, le costaba mucho sonreir al público, tenía que hacer un gran esfuerzo para hacerlo, aunque, eso sí, sólo sonreía a los ricos, porque a los pobres, ná de ná, ni los buenos días, porque los ricos dejaban mucho dinero en la panadería, compraban muchas cosas, pero los pobres pobres… sólo les llegaba para la triste barra de pan. Una noche, estaban ya a punto de cerrar, cuando un hada, que conocía la situación, se decidió a intervenir y entró en la Panadería disfrazada de anciana pobre con ropas viejas y harapos sucios y andrajosos y con la cara y las manos manchados con polvo del camino. El panadero estaba limpiando los hornos de dentro y en el despacho de pan sólo quedaba ya su hija para cerrar. Así que le dio mucha rabia ver entrar a esas horas a una pordiosera toda sucia y mal vestida.- Buenas tardes, muchacha -le dijo la anciana- - Estamos cerrando. Ya no atendemos a nadie. Vuelva mañana. - Por favor, ¿podrías darme un poco de pan? - ¿Qué, pan? Sí, claro, ¿cuánto dinero tienes? - No tengo dinero, soy pobre, vivo de lo que me dan… - Entonces no puedo darte nada, puedes irte ya. - Por favor, sólo un poquito, que tengo mucha hambre… La muchacha pellizcó un poquito de masa del tamaño de una mano y la metió al horno de mala gana. Cuando abrió el horno, vio que se había convertido en una gran hogaza de pan. - ¡No creas que te voy a dar eso! Habrá sido un error. Espera. Pellizcó otro trocito todavía más pequeño que el anterior del tamaño de un dedo y lo metió refunfuñando en el horno. De nuevo al abrir la puerta del horno, salió un pan enorme de grande. - Pero, ¿qué es esto? ¿qué pasa aquí? Eso sí que no. Tampoco te lo voy a dar ¿Qué te crees tú? Ni hablar, espera. Esta vez pellizcó un trozo más pequeño aún, del tamaño de una avellana y, llena de rabia, lo metió de un empujón en el horno, dando un sonoro portazo. Mientras tanto, el hada, se quitó el disfraz de pordiosera pobre, se limpió el polvo del camino y se quedó con su vestido de hada, blanco y resplandeciente, esperando tranquilamente a que la muchacha volviera a abrir la puerta del horno por tercera vez. Cuando la hija del panadero abrió el horno y vio que esta vez la hogaza era todavía más grande que las dos anteriores, no sabía qué hacer, qué pensar, ni qué decir. Estaba asombradísima y sólo podía decir: ¡Oh! ¡Ah! ¡Uh!... Cuando se volvió a mirar a la pobre harapienta, sólo vio en su lugar a una joven bellísima que la miraba fijamente. - Pero, tú, ¿Por qué? ¿Quién? ¡Oh! ¡Uh! ¡Ah! ¡Oh! ¡Uh! ¡Ah!... El hada repitió -Uh, Oh, Uh, Oh…El mundo ya ha soportado demasiado tus insultos y desprecios hacia los pobres. A partir de ahora, por tu falta de generosidad, lo único que dirás será Uh! Oh!, lo único que saldrá de tu boca será Uh! Oh! Y vagarás para siempre por la oscuridad. Entonces, el hada levantó su varita mágica y tocó el hombro derecho de la muchacha. Inmediatamente, la hija del panadero se convirtió en un búho, que salió volando por la puerta, ululando, y se internó en la oscuridad de la noche, de la que nunca más salió. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! 10月28日 EL PAÍS SIN PUNTAEL PAÍS SIN PUNTA (basado en un cuento de Rodari) El segundo de los cuentos de GIANNI RODARI que os voy a contar es éste. A ABIONCILLO NO PARA QUIETO, le gustaba mucho viajar. Iba de aquí para allá y de allá para acá. Volaba, remaba, pedaleaba, conducía y esquiaba. Ya conocía casi todos los países del mundo. Había estado en todos los continentes. En Europa: conocía a los españoles, a los ingleses, a los franceses… En América: a los indios, neoyorkinos, mejicanos, argetinos… En África: a las tribus africanas, a los marroquíes, a los saharauis… En Asia: a los chinos, japoneses… Y hasta en Oceanía: había conocido a los hawaianos, australianos, neozelandeses… etc. Un día, no sabe cómo, ni en qué vehículo, ni por dónde ni de qué manera, llegó a un pueblo donde las esquinas de las casas eran redondas, los tejados no terminaban en punta, sino en curva, los árboles no terminaban en copa, en pico, sino que eran redondeados, si llovía, las gotas de agua no eran puntiagudas, sino redondas, etc. ABIONCILLO NO PARA QUIETO pasó por un jardín precioso lleno de rosas y cogió una para olerla y ponérsela en el ojal con muchísimo cuidado para no pincharse, cuando se dio cuenta con gran sorpresa de que las espinas no pinchaban, porque no tenían punta y eran de goma y hacían cosquillas en la mano. - ¡Vaya, vaya! ¡qué curioso es este pueblo! - Pues sí, vaya, vaya, ¿no sabe usted que está prohibido cortar flores del jardín? ¡Qué susto se dio el pobre Abioncillo! Era un guardia municipal que salió de entre los arbustos, el que le hablaba - No, lo siento, no lo sabía ¡es que son tan bonitas! - Entonces, si no lo sabía, pagará sólo media multa. Abioncillo observó al guardia mientras escribía la multa y vio que el lápiz con el que escribía ¡no tenía punta! - Vaya, vaya, qué curioso, disculpe, señor guardia, ¿me permite ver su espada? Y naturalmente, la espada tampoco tenía punta, era redonda y gorda - Pero, ¿qué clase de país es éste? - Es el País sin Punta, señor, bienvenido a nuestro país. - Y entonces, ¿no existen los clavos? - Pues no, no los fabricamos nunca. Utilizamos pegamento para unir - ¿Y las flechas de los arcos? - No existen, no las necesitamos para nada. Sólo sirven para pinchar y hacer daño. En ese momento pasó por delante de ellos un puercoespín que no parecía un puercoespín, porque no tenía púas, sólo manchas redondas. Y una avispa que pasaba por allí y se posó en Abioncillo… ¡no le picó porque no tenía aguijón! - En fin, buen hombre, que le voy a perdonar la multa, porque se nota que se asombra por todo y que no es de este país, así que le acompañaré al aeropuerto a tomar un avión sin pico, a comprar un billete redondo y le despediré con mi pañuelo sin esquinas. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO!!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO!! LA TARTA VOLADORALA TARTA VOLADORA (basado en un cuento de Rodari) Hoy os voy a contar tres cuentos cortos de GIANNI RODARI, un escritor de cuentos italiano muy bueno que le encanta escribir para niños. En el primero, que se titula La Tarta Voladora, los habitantes de un gran barrio de las afueras de Valladolid, vivían tranquilos, muy tranquilos, hasta que un buen día, apareció en el cielo un inmenso y extraño objeto volador. Era redondo, grande y de muchos colores. Los vecinos, alertados, avisan a la policía y ésta se presenta de inmediato, y no dando crédito a lo que ven sus ojos, avisan a su vez al Ejército, que produce un gran y apoteósico despliegue militar ya que sospechan que el objeto misterioso les iba a invadir. Policías, militares, guardias civiles, tanques, metralletas… montan en torno al objeto una gran cadena de seguridad para que nadie se acerque a el, por el peligro que pudieran correr siendo atacados. Mientras, dos hermanos (ponerles los nombres de dos alumnos o de dos asistentes al cuentacuentos) que acababan de salir de clase se encontraron con todo el espectáculo, quisieron llegar hasta el objeto saltándose la cadena de seguridad, pero se tropezaron y se dieron de bruces con el objeto y descubrieron que tan sólo se trataba de una inmensa tarta redonda y lironda, de nata, crema, fresas y chocolate. Se lo cuentan a todo el mundo, pero nadie les cree, les dicen que se lo han inventado. Entonces, en un descuido de un militar que estaba bostezando, rompieron la barrera de seguridad entrando por un hueco y se introdujeron en la gran mole de colores empezando a comer de la riquísima y sabrosa enorme tarta. Sí, era verdad, ¡qué rica estaba! Mientras tanto, las fuerzas de seguridad proseguían con sus pesquisas e investigaciones, pero nada averiguaban del misterioso platillo volante. Entonces, los dos hermanos, fueron un momento a casa y empezaron a llamar por teléfono a todos sus amigos y amigas del cole para que fueran a ayudarles a comer de la rica y sabrosa tarta gigante. Y en pocas horas, riadas de niños y niñas acudieron a comer de la súper-tarta, ante el asombro y la incredulidad de las fuerzas de seguridad, que nada podían hacer ante la avalancha de niños que, en unas pocas horas, acabaron con la gran tarta, y entonces, la gran amenaza de invasión, la gran arma tan peligrosa y todopoderosa, despareció por completo delante de sus incrédulas narices, porque entre todos los niños, se la habían comido. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO!!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO!! EL FLAUTISTA Y LOS AUTOMÓVILESEL FLAUTISTA Y LOS AUTOMÓVILES (basado en un cuento de Rodari) ¿Conocéis la historia del Flautista de Hamelín? La ciudad invadida por los ratones, el flautista que llega con su flauta mágica, que les encanta a los niños y los lleva al río para que se ahoguen porque el alcalde no quería pagarle lo acordado… ¿os acordáis? Pues bien, esta historia trata del mismo flautista que llega a otra ciudad. Esta vez la ciudad está invadida por coches, camiones, furgonetas… de todos los tamaños y colores: largos como limosinas, cortos y pequeños como los smart, grandes como los 4x4, con y sin remolques, con y sin bacas, … Los automóviles estaban por todas partes, en las calles, en las aceras, en los portales y en los soportales, bajo los puentes y encima de ellos, en los parques y en los jardines… se movían muy lentamente, muy, pero que muy, despacio, se oían bocinazos a todas horas, frenazos, pitidos, gritos de los conductores, humo saliendo de todos esos tubos de escape, … total ¡el caos! ¡qué horror! ¿os lo imagináis? Hasta que un día ya no se movieron más. No podían. Se quedaron donde estaban, los conductores y pasajeros se bajaron y los dejaron allí mismo, abandonados, incapaces ya de salir de ese grandísimo y monumental atasco, porque no tenían ni sitio ya para moverse apenas un milímetro. Y decidieron ir andando a todos los sitios de la ciudad. Pero, claro, no resultaba nada fácil, porque los coches ocupaban todo el sitio, los peatones tenían que pasar por encima o por debajo de ellos y la gente se chocaba entre sí. Todo el mundo estaba muy furioso y enfadado porque apenas se podía caminar porque no había ni un palmo de suelo libre y gritaban por la calle: ¡Ya está bien! ¡Esto es intolerable e inaguantable! ¡Hay que buscar una solución a esto inmediatamente! ¿Por qué el alcalde no piensa en algo? El alcalde oía esas protestas y refunfuñaba: “Por pensar, ¡claro que pienso! Pienso mientras como, mientras ceno, mientras duermo. Día y noche. Lo que pasa es que no se me ocurre nada. No sé cuál es la solución. Voy a convocar un Concurso de Ideas ingeniosas a ver a quién se le ocurre una solución a nuestro problema” Un día se presentó en la ciudad El Flautista de Hamelín. Llevaba un chaleco de piel de cordero, un zurrón atravesado, abarcas en los pies, y una gorra en forma de cono con una cinta roja. Pidió ser recibido por el señor alcalde, pero los alguaciles le impidieron la entrada diciéndole que no estaba para gaitas ni para perder el tiempo. Finalmente les convenció para que le dejaran pasar y dijo: - “Yo puedo librar a su ciudad de los automóviles” - “¿cómo? Es imposible. No hay solución. Lo hemos intentado todo - “Yo tengo la solución. Pero tiene que prometerme algo a cambio - “Lo que usted quiera, con tal de que nos libre de esta invasión, le daremos lo que desee, prometido, palabra de alcalde, pero… - “Mi condición es… que los niños de esta ciudad puedan jugar en los columpios que se instalarán en la Plaza Mayor de la ciudad” - “Vale, trato hecho, empiece ahora mismo, por favor” El joven se levantó de inmediato, se metió una mano en el zurrón y sacó una diminuta flauta de madera, que empezó a tocar suavemente una extraña melodía de inmediato, allí mismo, en el despacho del alcalde, del que salió danzando, bajando por las escaleras del ayuntamiento, la Plaza Mayor, y por todas las calles de la ciudad, saltando por encima de todos los coches ágilmente y sin dificultad. Al cabo de un instante alguien dijo: ¡mirad! ¡aquél coche se ha puesto en marcha él solito! ¡pero si nadie lo conduce! ¡y aquél también! ¡Anda, pero si ése es el mío! ¡que me lo roban! ¡al ladrón, al ladrón! , pero, si no hay nadie dentro… Empezaban a moverse poco a poco, primero muy lentamente, después más deprisa a medida que se iban despejando las calles. Y los coches ya corrían y corrían, calle arriba y calle abajo, con un inaudito estruendo de motores, tubos de escape, bocinazos, sirenas, cláxones, acelerones, frenazos… Y si escuchabas atentamente, tras ese estruendo infernal, se podía escuchar la dulce melodía de la flauta… Y los vehículos corrían y corrían… ¿hacia el río como los ratones de Hamelín? Pues no. Iban siguiendo al flautista, cuando éste empezó a escarbar la tierra con su flauta mágica formándose un gran túnel por el que se metieron uno a uno todos los vehículos de la ciudad, que a partir de entonces, circulaban por las calles subterráneas, bajo tierra. Corren bajo tierra, ya no queda ninguno por ninguna calle de la ciudad. Se detienen para que suba y baje su propietario, para que entren y salgan los pasajeros, y siguen su carera subterránea. Ahora hay sitio para todos. Bajo tierra para los automóviles con sus ruidos y su contaminación, y arriba para los peatones, libres de todo ello. ¡Qué estúpido he sido! Por no habérseme ocurrido a mí antes! Gritaba entusiasmado el alcalde brincando de alegría. Y entonces mandó construir dos estatuas en honor al flautista, una en la Plaza Mayor de la ciudad, junto a los columpios que instalaron de inmediato, y otra bajo tierra, en la Plaza Mayor de las galerías subterráneas, por donde circulaban los coches. Y el flautista desapareció tan misteriosamente como había llegado. ¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO!!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO!! EL MONSTRUO PELUDOEL MONSTRUO PELUDO Érase que se era una vez. Ésta es la historia de un monstruo que vivía dentro de una oscura cueva que se encontraba en medio del desierto. Este monstruo era bastante horrible, espeluznante, repugnante, baboso y feo, muy, pero que muy, feo. Imaginaos. Tenía una cabeza enorme, con unos ojos legañosos, una boca llena de babas, una nariz llena de mocos y unas orejas peludas… de las que salían unos brazos largos y serpenteosos como los brazos de un pulpo. Al final de los tentáculos tenía unas uñas muy negras, tan negras, que parecían percebes, como si las tuviera pintadas. Y todo su horrible cuerpo estaba lleno de pelo, le mirabas y sólo se veía pelo, por eso se llamaba “peludo”. A parte de la cabeza y de los tentáculos, no tenía nada más, no tenía cuello, ni cuerpo, ni piernas, ni pies… No, no. De la cabeza brotaban únicamente un par de pezuñas como de cabra, y eso tenía en vez de cuernos. ¿os podeis imaginar, niños, lo difícil que le resultaba caminar, es decir, desplazarse, moverse, y mucho más todavía, correr. Por lo que para moverse, iba arrastrándose, como las culebras, así que ese monstruo se tenía que conformar para comer con las cuatro “cosillas” que pasaran cerca de sus enormes brazos, o tentáculos. Si pasa por allí una hormiga, PLIM, PLIM, PLIM, se la come Si pasa un ratón, PLOM, PLOM, PLOM, también se lo come Si pasa una vaca, MUUUUU, “pa dentro” Si pasa una oveja, BEEEEEE, “pa allá va” Si pasa un caballo, IIIIIIIIIII, qué rico Si pasa una rana, CROA, CROA, CROA, qué delicia Total, un menú aburrido y asqueroso. Y así todos los días. Cierto día, pasaba por el desierto un Rey a caballo, TACATÁ, TACATÁ, TACATÁ, y de repente, se puso a llover torrencialmente y el Rey tuvo que ir corriendo a refugiarse en la cueva de nuestro horrible monstruo peludo que, sin dudarlo, en cuanto lo vio entrar y pasar por su lado, le agarró del brazo, y, estaba ya a punto de zampárselo de un trago, cuando el Rey pudo reaccionar y le dijo: - “No me comas, por favor, no me comas, ¿no ves que estoy viejo, arrugado y sólo tengo huesos? Tú lo que tienes que hacer, puestos a comer, es hincarle el diente a algo más jugoso, carnoso y ciernecito que yo, algo más delicioso y sabroso, como por ejemplo… ¡un niño! - “¿y qué es un niño? Le preguntó el monstruo. - Los niños están tan ricos como para comérselos, están pero que tan, tan, tan buenos…tiernecitos, jugosos… Al monstruo peludo se le empezó a hacer la boca agua, después de tanto tiempo sin probar algo tan exquisito y delicioso como sonaba… - “¡Eh! ¡Un momento! ¡Alto, quieto parao! ¡Aquí no hay ningún niño! Sólo estás tú, aunque seas un viejo delgado y huesudo, algo de carne tendrás, así que ¡te voy a engullir y devorar ahora mismo!” - “¡Espera! Si tú quieres, podemos hacer un trato. Yo me voy a mi reino y te doy mi palabra de Rey de que al primer niño que encuentre, te lo traigo para que te lo comas ¿trato hecho? - “Vale, de acuerdo, al primero que te encuentres, porque tengo mucha hambre y confío en tu palabra de Rey. Vete y date prisa. El rey huyó a toda prisa y montó a galope sobre su caballo para regresar a su reino y cumplir con su parte del trato. Buscaba, miraba, y volvía a buscar, pero no veía ningún niño. Solía haber por allí muchos niños huérfanos, abandonados, que vagabundeaban por el reino, pero ese día, habían desaparecido todos. Ya estaba llegando a su castillo cuando ¡un momento! Por fin, ve a lo lejos a una niña a las puertas levadizas de su majestuoso castillo, que está saltando a la comba. Pero cuando se va acercando… ¡oh, no, horror! ¡no puede ser! Pero si parece… pero si… ¡es su hija! ¡qué desastre! El Rey, nada más verla, comenzó a llorar desconsoladamente. - “¿qué te ocurre, papá, por qué lloras?” le preguntó su dulce hija. Y entre lágrimas y sollozos, le contó toda su historia a su hija, que se llamaba Lucila. Y Lucila, en vez de echarse a llorar, y en vez de decirle a su padre que le dolía el estómago o la cabeza, como era una niña muy, pero que muy valiente, le dijo: - “No te preocupes, papá. Tú llévame a esa cueva delante de ese monstruo a ver qué se puede hacer. Algo se me ocurrirá” Y el Rey, que sabía que tenía que cumplir con su palabra, montó a su hija en su caballo y TACATÁ, TACATÁ, TACATÁ, cabalgaron juntos hasta la cueva, donde la dejó y él la esperó fuera, confiando en ella. Lucila, con mucho valor y coraje, entró dentro de la cueva y allí se quedó, a la espera del Gran Monstruo Peludo, que comenzó a salir de entre las rocas muy lentamente, arrastrándose y babeando sin parar. - “Hum, qué bien huele, huele a rico, ¡mejor sabrá! Sabroso, sabroso, tenía razón el Rey, esto debe estar delicioso y tierno… Cuando vio a Lucila, tan tranquila, sin ni una pizca de miedo, sin temblar como temblaban todos antes de comérselos, se enfureció. - “No pareces asustada” - “Porque no me pica la garganta” - Pareces muy feliz - Porque no me pica la nariz Sí, sí, mis queridos niños, eso es lo que contestó Lucila, a quien, tengo que deciros que, además de ser valiente, le gustaba mogollón hacer rimas y pareados y siempre contestaba algo que rimara con lo que le decía el monstruo. Así que el monstruo peludo se quedó muy cortado porque no le gustaba que le tomaran el pelo, ¡a él, que tenía tantos! - Oye, niña, yo te voy a enseñar - Los pelos del paladar - Mocosa, ¿cómo te atreves? - Cepíllate los percebes - Te arrepentirás de eso - Te huelen las pezuñas a queso - Oye, tú a mí no me engañas! - Péinate las pestañas - Está bien, si no te callas, contaré hasta tres y te comeré. UNA - Da una vuelta a la aceituna - DOS - Si te miro me entra la tos - Y TRES! - Te volverás del revés - Si vuelves a hablar te elimino - Te esperaré haciendo el pino - Oye niña, tú quién eres, la hija del Rey o de un bandolero? - Te enseñaría la respuesta, pero la llevo escrita en el trasero - ¡Vas a acabar conmigo! - Y con los pelos de tu ombligo ¡¡COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO!! MINICUENTOSMINICUENTOS SI TE TOCO EN LA NARIZ SONRÍE
Y SÉ FELIZ Pero creo que ya os he contado que no se me dan nada bien los encantamientos y que por eso me llaman LA BRUJA PIMPILIPAUSA, QUE NI HECHIZA NI ENCANTA y no dio resultado, y ¿sabéis lo que se me ocurrió hacer para que no estuvieran tan tristes? Pues contarles cuasicuentos, sí, sí, habéis oído bien, cuasicuentos, y les encantaron. Empecé contándoles un cuasicuento feliz, ¿lo queréis oir? Que le hizo cosquillas en la nariz Y el ratón se sintió muy feliz” Pero nada, a lo mejor preferían un cuasicuento triste y les conté: “Un día un ratón se comió un plato lleno de alpiste Y le entró tal despiste Que desde ese día está muy triste” ¿qué? Que os parecen cortos? ¿queréis oir otro más largo? Y este cuento ya es bastante largo” Se cortó un débrico Con la cuchíbrica Del carnicébrico El carnicébrico Se la curificó Con la cuchíbrica De la mejor, Bricó, bricó, bricó.” Aunque al oírlo suene calentoso Si quieres decirlo suena algo enredoso Súpercalifragilístico espialidoso” ¡Ay! (suspiro exagerado) Es estupendo contarles cuentos a los personajes de los cuentos. Empiezan a ponérseles unas sonrisitas como las que tenéis ahora vosotros y vosotras… y yo me siento muy feliz porque les he hecho reir, como a vosotros ahora. Y me digo y me repito: ¡No pienso marcharme nunca jamás de esta biblioteca! ¡No pienso volver nunca al país de las brujas! ¿Dónde podría encontrar mejores amigos y amigas que vosotros? Pues en ningún otro lugar más que aquí. ¡Qué bonito es tener amigos! ¿sabíais que quien encuentra un amigo encuentra un tesoro? Pues sí, es verdad, así que yo soy la bruja más rica de todo el universo, porque os he encontrado a vosotros. Así que, cuando encontréis un amigo, no lo dejéis escapar, que vale mucho, más que todo el oro del mundo. Y hablando de amigos, esta noche he conocido a dos nuevos amigos: ratón muy alto y ratón muy bajo ¿queréis que os cuente su historia? Ratón muy alto y ratón muy bajo son amigos y cuando se encuentra, ratón muy alto dice: - Hola, ratón muy bajo Y ratón muy bajo dice: - Hola, ratón muy alto Y se van juntos de paseo. Cuando van por el campo, ratón muy algo dice: - Hola, pájaros Y ratón muy bajo dice: - Hola, escarabajos Cuando pasean por un jardín, ratón muy alto dice: - Hola, flores Y ratón muy bajo dice: - Hola, raíces Cuando pasean delante de una casa, ratón muy alto dice: - Hola, tejado Y ratón muy bajo dice: - Hola, sótano Un día que iban de paseo estalló una tormenta, empezó a llover y ratón muy alto y ratón muy bajo empezaron a correr. Ratón muy alto iba diciendo: - Hola, gotas de lluvia Y ratón muy bajo dice: - Hola, charcos Y en éstas llegaron a su casa y nada más entrar, ratón muy alto dijo: - Hola, techo Y ratón muy bajo dijo: - Hola, suelo Y esperaron a que dejara de llover. Cuando se asomaron a la ventana, vieron que estaba saliendo el arco iris. Entonces ratón muy alto cogió en brazos a ratón muy bajo para que pudiera verlo bien y, juntos, muy juntos, dijeron: - ¡hola, arco iris! Y colorín colorado, este cuento se ha acabado ¿a que os ha gustado? Pero, ¿sabéis qué os digo? Que os voy a hacer un regalo. Os voy a contar un cuento de verdad. Un cuento contado. LA HORA MAGICALA HORA MÁGICA
Llegué a media noche, en plena HORA MÁGICA, y yo no lo sabía. ¿Sabéis vosotros qué es la hora mágica? Ah, ¿no? Pues yo os lo cuento, no os preocupéis. Sucede en plena noche. Cuando todos los mayores del mundo están dormidos, cuando todos los niños y niñas del mundo están dormidos, cuando no se oye ni el vuelo de una mosca y todo está en el más absoluto de los silencios… es entonces cuando ocurren cosas extraordinarias…maravillosas y fantásticas… Y no sólo en las bibliotecas… … los duendes saltan por los jardines sacando brillo a las flores, por eso muy de mañana están tan brillantes y preciosas… … las hadas entran en las habitaciones donde duermen los niños y tapan a los que están desarropados y les dan un besito de hada… ¿qué, que no sabéis cómo son? Pues así (rozando las varicitas suavemente). … por las calles va el Gran Gigante Bonachón con su enorme trompeta y una maleta llena de tarritos de colores, dentro de los cuales, guarda los sueños de todos los niños y niñas del mundo. Según camina, abre un tarrito, echa los sueños en la trompeta y va soplando muy alto… Y a la mañana siguiente, en las calles por donde ha pasado, los niños y niñas, cuando se levantan, se acuerdan de los sueños que han tenido por la noche… … en las habitaciones de los niños y niñas, que siempre están llenas de juguetes (las de unos más ordenadas que las de otros, vosotros ¿cómo las tenéis? ¿y los recogeréis vosotros, no?), los juguetes, como os decía, salen de sus cajas, baúles y armarios, y se ponen a jugar… … Y en las bibliotecas, como ésta, ¿sabéis qué ocurre en las bibliotecas en la hora mágica? ¿no? Pues yo os lo cuento… A medianoche, en la hora mágica, los libros se bajas de las estanterías, se abren de par en par y empiezan a saltar todos los PERSONAJES DE LOS CUENTOS y empiezan a jugar y a contarse sus historias unos a otros, se divierten, se hacen amigos… ¿qué, que no lo habéis visto nunca? Pero, es normal que no lo hayáis visto nunca, porque sólo sucede en la Hora Mágica, que es cuando TODOS, TODOS los niños y las niñas, estáis dormidos. Cuando los personajes comienzan a contarse sus historias es realmente divertido estar en la biblioteca ¡ah! ¿qué os creíais? ¿que los libros tienen siempre esa pinta tan seria y son tan aburridos? Pues no, ¿os imagináis a Caperucita hablando con Pulgarcito y haciéndose novios? ¿o a Blancanieves charlando con los tres cerditos? ¿o al lobo feroz discutiendo con el ogro que devoraba a los niños? ¿o al Rey Midas enamorándose de la Cenicienta?...
¡Ay! Mis queridos amigos… ¡cuánto os falta por conocer!... Pues bien, como os iba contando… llegué a media noche, en plena hora mágica. Como la puerta de la biblioteca estaba cerrada, porque, encima de hacer mal el encantamiento y no haber podido ir a la biblioteca más grande del mundo, además, fui a aterrizar ahí fuera, al otro lado de la puerta de la biblioteca y, claro, a esas horas de la noche, estaba cerrada con llave. Lo primero que intenté fue mi super-encantamiento de ábrete sésamo (es un decir)… “ABRE, ÁBRETE, ABRETECA PUERTA DE LA BIBLIOTECA” Pero, bah!, no había manera de que se abriese, no se movía ni un milímetro ¿os he dicho ya que los encantamientos no se me dan nada, pero que nada bien? Por algo me llaman PIMPILIPAUSA, LA BRUJA QUE NI HECHIZA NI ENCANTA. Así que nada, ahí estaba yo, más aburrida que una ostra y, ¿sabéis lo que se me ocurrió? Pues, ¡fíjate! ¡llamar a la puerta! ¡qué ocurrencia! Y, de repente, la puerta se abrió, la abrió, ¿sabéis quién? Pues ni más ni menos que un pequeño elefantito con unas ojeras muy grandes ¡perdón! Orejas, pues ahí estaba él, saludándome con sus grandes orejas (¿alguien sabe quién era?) Pero no sólo estaba él, no, detrás había un dragón (Tincho), una dragona (Menta), una ardilla (Pilla), un pingüino (Pino), siete princesas, catorce ratones, nueve ogros, tres cerditos, dos lobos, cinco leñadores, quince príncipes, trece brujas, dieciséis hadas… y seis o siete pulgas, no recuerdo muy bien… Todos estaban nerviosísimos, con muchísimas ganas de contarme sus historias… así que lo primero que me preguntaron fue si me gustaban los cuentos. Pero… ¿qué es un CUENTO? ¿que no sabes lo que es un cuento? Exclamaron horrorizados. No, la verdad es que no, no tenía ni idea, les confesé avergonzada. Pues entonces, ven que te cuento, dijo uno de ellos. Y así fue como empezaron a contarme cuentos y más cuentos, uno detrás de otro, no se cansaban nunca, uno que si patatín, otro que si patatán…uno que lo de aquí, otro que lo de allá… Hasta que mi cabeza, tan llena de historias, más que una cabeza, parecía una calabeza, y, entonces, me quedé dormida… hasta que habéis llegado vosotros y me habéis despertado, con vuestro alboroto. Así que, si os gustan los cuentos, ahora os voy a contar a vosotros todos los cuentos que me contaron anoche los personajes de los cuentos en la hora mágica. ¿qué os parece? Voy a ver si con tanto cuento, os dejo “encuentados”, como me quedé yo ayer, encuentada con tanto bello cuento. Y así todos los días, por la noche, como duermo aquí, a escuchar nuevas historias de otros nuevos personajes de cuentos, y, por el día, a contároslos a vosotros. ¿estais dispuestos? ¿os gustaría? Pues hasta el próximo día… EL PAÍS DE LAS BRUJASEL PAÍS DE LAS BRUJAS
Hace mucho, mucho tiempo, yo vivía en EL PAÍS DE LAS BRUJAS y se me daba fatal eso de los embrujos y maleficios, lo de las palabras mágicas y encantamientos. Nunca daba pie con bola. Nunca acertaba. Y me llamaban PIMPILIPAUSA, LA BRUJA QUE NI HECHIZA NI ENCANTA. Por eso era un aburrimiento vivir allí. Encima, para colmo de males, las otras brujas, como yo no era tan buena como ellas, no me querían nada de nada y cuando me querían insultar, ¿sabéis qué me llamaban?, pues, ni más ni menos que ¡hada! Fijaos qué insulto ¡yo! ¡un hada! Aquello era insoportable, ¿os lo podéis imaginar?
Hasta que un día, FLORIPONDIO, un duendecillo verde amigo mío, el único amigo que tenía en el País de las Brujas, me dijo: “Pimpilipausa, tú lo que tienes que hacer es marcharte al país donde viven los niños y las niñas. Allí hay unas salas muy grandes con unas estanterías muy altas llenas de unas cosas cuadradas y rectangulares que, al abrirlas, miras y ves como unas hormiguitas que van de paseo. Y cuando aprendas a mirarlas y a entenderlas, que creo que es lo que allí llaman LEER, empiezas a pasártelo de rechupete porque conoces una de historias…la mar de interesantes…”
¿Vosotros sabéis a qué se refería mi amigo Floripondio? Sí, claro, luego me enteré de qué hablaba: de biblioteca, libros, leer, cuentos… Total, que con eso de pasármelo genial, me convenció enseguida y esa misma noche, me dispuse a decir mis palabras mágicas para salir volando del aburrido País de las Brujas y aparecer en la Biblioteca más grande, inmensa y bonita del mundo, así que, con mi súper varita mágica, ésta que veis aquí, empecé con mucho entusiasmo a decir: “PIMPILIPAUSA, PIMPILIDUMBO, LLÉVAME A LA BIBLIOTECA MÁS GRANDE DEL MUNDO”
Y, bueno, creo que ya os he dicho que no se me dan muy bien los encantamientos, por eso me llaman PIMPILIPAUSA, LA BRUJA QUE NI HECHIZA NI ENCANTA, y acabé en esta pequeña biblioteca del colegio García Quintana de Valladolid, que, no es la más grande del mundo, pero sí que tiene muchos, muchos, libros y cuentos, que es lo que yo quería, y además, con muchos niños y niñas que la visitan, como vosotros. |
|
|