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10月29日 LA REINA DE LAS NIEVESLA REINA DE LAS NIEVES ( basado en un cuento de Andersen ) Allá por el Polo Norte, donde viven los esquimales, vivían dos buenos amigos; Hanoi, el niño esquimal, y Berta, su amiga esquimal también. Se querían mucho, eran muy buenos amigos. Iban a la escuela juntos, en su trineo, tirado por varios hermosos y fuertes renos polares. La escuela estaba muy lejos de su poblado, así que todos los días se hacían unos cuantos kilómetros de esta manera. Cuando no había colegio, se pasaban todo el día jugando juntos en la nieve con sus deslizadores. Entonces, sucedió un día, que Hanoi, cuando mejor se lo estaba pasando jugando con su amiga Berta en la nieve, se cayó del trineo y se clavó la vara del trineo debajo del brazo. Hanoi gritó de dolor y rabia y, desde ese mismo instante, cambió por completo. Ya no era aquél niño simpático y amable que jugaba con su amiguita, se convirtió en un niño malísimo que no hacía más que trastadas, portarse mal a todas horas y desobedecer a sus padres. Un día incluso, cuando Berta fue a buscarle para jugar con él, la empujó y la tiró al suelo diciéndola: “Vete de aquí, déjame en paz, yo no juego con niñas mocosas como tú” Y Berta lloraba desconsoladamente día tras día, sin ver a su amiguito. Parecía que se le hubiera tragado la tierra, nunca le veía por ahí, ni estaba en su casa cuando le iba a buscar. Un día, un viejo esquimal del poblado, le contó a Berta que había visto pasar a Hanoi montado en la Carroza de la Reina de las Nieves. Entonces Berta decidió ir a buscarle, aunque tuviera que ir al otro extremo de la tierra, al otro Polo, al Polo Sur, donde había oído decir que hacía mucho más frío que en el Polo Norte, y donde apenas vivían seres humanos ni animales, ni plantas. Se adentró en el gran bosque de árboles nevados pensando que a lo mejor por allí tenía sus dominios la Reina de las Nieves. Entonces un pajarito se posó en su hombro y le preguntó qué le pasaba. Berta se lo contó todo y el pajarito, compadecido, le dijo: “Yo te guiaré hasta su palacio, pero lo más difícil es entrar en él”. Berta se dejó guiar por él y al cabo de un tiempo de andar por el bosque vieron un barranco bajo el que corría un río. Bajaron hasta el fondo y allí el pajarito silbó tres veces y, en seguida, de las gélidas aguas del río emergió una lancha muy bella. “Sube aquí y no tengas miedo. La lancha sabe dónde tiene que ir y yo volaré a tu lado, sobre tu cabeza” Efectivamente, la corriente llevaba la lancha abajo, abajo, dejando atrás el bosque, árboles, montes y valles, el poblado esquimal, otros poblados, cruzaron otros pueblos, otros países y otros continentes, verdes prados, altas montañas, llanuras, espesos bosques, grandes ciudades, pequeños pueblos… hasta que volvieron a ver de nuevo la nieve, paisajes cubiertos completamente por la nieve, blancos, helados, a temperaturas bajo cero. Hasta que llegaron a un lugar muy frondoso, lleno de blancos árboles, en medio del cual, se alzaba majestuoso y señorial el Gran Palacio de Hielo de la Reina de las Nieves. Berta bajó de la lancha y, siempre escoltada por el pajarillo, llegaron ante las puertas del palacio, que eran grandes bloques de hielo. Berta llamó con los nudillos tan fuerte como pudo hasta hacerse daño. Pero todo fue inútil. Nadie acudió a abrirles, ni había manera alguna de forzar o derribar aquellas enormes moles de hielo congelado. El pajarillo fue a consultar con el Rey de los Ratones y con el de los Topos para ver si había alguna posibilidad de abrir una galería bajo el hielo. El Rey de los Ratones dijo que sus súbditos podían abrirlas en cualquier sitio, menos en el hielo, porque era más fuerte que sus pequeños dientecillos; y el Rey de los Topos confesó que siempre que sus arquitectos lo habían intentado, se habían estrellado contra la dureza del hielo. Al oír esto, tan malas noticias, Berta se echó a llorar y nada ni nadie podía contener sus lágrimas, que caían a borbotones sobre las enormes puertas de hielo. Y en aquél momento, ¿qué creéis que sucedió? Pues que, al calor de las ardientes lágrimas de Berta, las puertas empezaron a derretirse, a deshacerse y, en un santiamén, se formó a sus pies un enorme charco de agua. Todos entraron precipitadamente en el palacio de cristal y, allí, en una alcoba de seda azul y bordados dorados, estaba Hanoi, dormido o encantado. Berta lo llamó intentando despertarle, mientras el pajarillo, el ratón y el topo intentaban reanimarle, pero todo era en vano. De repente, se oyó una voz terrible que salía no se sabe de dónde y decía: “¿QUIÉN HA OSADO ENTRAR EN MI GRAN PALACIO DE CRISTAL? ¿QUIÉN HA DERRETIDO MIS POTENTES PUERTAS DE HIELO? QUIEN QUIERA QUE HAYA SIDO, LO ENCONTRARÉ Y LO PAGARÁ CARO, QUEDÁNDOSE PARA SIEMPRE ENCERRADO EN MI CÁRCEL DE CRISTAL.” Era la voz de la Reina de las Nieves que se escuchaba por todo el palacio y salía de todo él. Así que Berta, muy asustada y creyendo muerto a Hanoi, se inclinó sobre él y le besó en la frente a modo de despedida, con tanto amor y dulzura que Hanoi, en ese momento, se despertó, se incorporó y, aturdido todavía, reconoció a su querida amiga, a la que echó los brazos al cuello abrazándose los dos fuertemente, pidiéndola que le sacara de allí. Corriendo todo lo que pudieron salieron todos de allí y montaron en la lancha, que les llevó de vuelta a su poblado esquimal, en el Polo Norte, atravesando países, continentes, llanuras, ciudades… Todo el poblado les recibió con mucho júbilo y entusiasmo y ellos siguieron siendo amigos durante muchos años hasta que se casaron y vivieron felices y comieron perdices y a la boda invitaron ¿cómo no? Al pajarito-guía, al Rey de los Ratones y al Rey de los Topos, que, les gustó tanto el Polo Norte, que se quedaron a vivir con ellos porque hacía mucho menos frío que el Polo Sur.
¡¡ Y COLORÍN COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !! ¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! 回應 (1)
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