| Profil de Bruja Pimpilipa...La Bruja PimpilipausaPhotosBlogListes | Aide |
|
30 octobre CUENTO DE NAVIDAD (CHARLES DICKENS)CUENTO DE NAVIDAD (de Charles Dickens) (basado en el Cuento de Navidad de Charles Dickens)
Había una vez, no hace mucho tiempo, un viejo muy avaro, ambicioso, huraño y tacaño, que se llamaba Señor Scrooge. El Señor Scrooge tenía un pequeño negocio, una tienda de antigüedades, con la que decía que no ganaba nada. Siempre se estaba quejando de que el negocio no le daba ni para comer, que si no le llegaba ni para vivir… Era muy seco, contestaba mal a todo el mundo. Todo el día estaba amargado. Tenía un empleado, el pobre Bob Cratchit, al que le pagaba una miseria. Le explotaba vilmente, le hacía trabajar desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, y encima, apenas le daba unos míseros chelines. Es el que le llevaba las cuentas del negocio, el libro de ventas, un puesto de mucha responsabilidad, pero muy mal pagado. Trabajaba en un cuartucho pequeño, oscuro, frío y sin ventilación. El pobre hombre estaba trabajando heladito de frío, con el raído y viejo abrigo puesto, y todo porque su tacaño jefe no quería gastarse nada en calefacción, para ahorrar. Y cuando se quejaba al jefe, éste le amenazaba con despedirle del trabajo y tenía que callarse y aguantarse. Era época navideña. En la calle las luces brillaban, los adornos navideños inundaban las calles. La gente andaba corriendo de acá para allá, haciendo las últimas compras, todos con regalos para sus seres queridos, comprando lo necesario para la cena de nochebuena. Papás noeles y reyes magos tocando sus campanillas y repartiendo caramelos. Los niños cantando villancicos pidiendo el aguinaldo o dulces… Pero volvamos con el Señor Scrooge. Su pobre empleado, Bob, le pidió a las siete de la tarde que le dejara salir antes para poder hacer las últimas compras de Navidad, regalos, cena… pero el Sr. Scrooge le dijo:
- ¡Bah! ¡paparruchas! Eso de Navidad y de las compras navideñas no son más que paparruchas. Ganas de gastar el dinero. Bobadas y tonterías. Si quieres, te puedes ir, pero no te molestes en volver mañana a trabajar porque estarás despedido. - Pero, ¿qué dice usted?¿mañana tengo que venir a trabajar? ¡pero si es Navidad! - Bah!, Navidad, vaya engaño, qué bobada, ¡paparruchas!, todos cantando, riendo y felices, ¿por qué? ¿para qué? Qué tontería. ¡Pues claro que vendrás mañana a trabajar! o ¿qué te piensas? ¿que te pago para que no vengas a trabajar? Aquí hay que trabajar todos los días. - Pero, por favor, Sr. Scrooge, sólo es un día al año, todo el mundo está en casa con su familia, es una fecha para compartir… - Vale, de acuerdo, no vengas, pero te descontaré un chelín por el día no trabajado.
Así que el pobre empleado se tuvo que quedar hasta las ocho y no pudo comprar nada porque todas las tiendas estaban ya cerradas. Sus hijos esa noche no tuvieron regalos y su mujer no pudo preparar una cena especial, cenaron sopa de ajo y huevos fritos con patatas fritas. En cuanto se marchó su empleado, el Sr. Scrooge se puso a contar el dinero de la caja. Se pasaba todo el día contando y recontando su dinero. Era un avaro. Lo guardaba todo, no gastaba casi nada. En la tienda no encendía la calefacción para ahorrar, pero en su casa, tampoco la encendía, porque como sólo iba a su casa para dormir, pues se metía en la cama en cuanto llegaba y no le hacía falta encenderla. Tan ensimismado estaba contando sus monedas, que no oyó entrar en la tienda a su sobrino Smith, que le saludó y le invitó a ir a su casa a cenar esa noche, la noche de Nochebuena. - ¿Por qué esta noche, qué tiene de especial? - Que es nochebuena, tío - ¡Bah! ¡paparruchas! - Ven con mi mujer y mis tres hijos, tus sobrinos, lo pasaremos bien - No, gracias, tendría que llevarles regalos a tus hijos y no puedo, mi negocio no da para tanto, yo no derrocho el dinero… - No te preocupes, tío, no les tienes que regalar nada… - Ya, pero tendría que llevar algo para la cena y no puedo… - No te preocupes, tío, no hace falta que lleves nada, nos arreglaremos con lo que tenemos, estás invitado… - Ya, pero para llegar hasta vuestra casa, tendría que ir en taxi y no puedo permitirme el lujo de pagarlo… - No te preocupes, tío, yo te lo pago cuando llegues. - Bueno, vale, de acuerdo, si es así, allí estaré a las diez.
Al salir de la tienda, fuera, en la calle, había una niña mendiga pidiendo limosna muerta de frío y de hambre. Scrooge ni la miró. Pasó de largo e hizo como si no la hubiera visto. Llamó a un taxi y se fue. El sobrino del Sr. Scrooge y su familia, vivía en una casa alquilada muy pequeña, porque no podían pagar otra más grande. Los tres hijos tenían que dormir en la misma habitación. Llegó a la hora exacta, como un clavo, y su sobrino Smith le estaba esperando a la puerta para pagarle el taxi. El Sr. Scrooge estuvo toda la cena huraño, serio, enfadado, gruñendo y protestando por todo, a todo le ponía pegas, nada le parecía bien. Cuando llegó la hora de los postres y de entregar los regalos, él no dio nada, ya lo avisó, que no iba a llevar nada, pero a él le dieron todos. Su sobrino le regaló un pijama de franela, su mujer una bata, uno de sus tres sobrinitos, unas zapatillas de estar en casa, otro, un gorro de dormir, y el último, unos calcetines de lana gordos para dormir calentito. Ni siquiera les dio las gracias. Se limitó a criticar el consumismo y el materialismo de la Navidad y a decir que todo eso eran paparruchas. Se fue refunfuñando y gruñendo y ni siquiera dio las gracias por la cena. Su sobrino le acompañó a buscar un taxi para pagárselo y se fue. Cuando llegó a su casa y cerró la puerta, tiró los paquetes de los regalos por el suelo, no encendió las luces, porque nunca las encendía, para ahorrar, y sólo usaba velas, porque salían más baratas. Entonces llamaron a la puerta. Al abrirla, unos niños cantaban villancicos y le pedían el aguinaldo. Les echó con cajas destempladas y con muy malos modales. Cuando se quedó solo, de mala gana, abrió los paquetes de los regalos y se puso todo lo que le habían regalado sus familiares, sin dejar de refunfuñar y de gruñir. Se acostó. Se metió en la cama tapándose hasta la nariz por el frío que hacía y se quedó inmediatamente dormido. Cuando en el reloj del salón sonaron las doce campanadas de la medianoche, se oyó el ruido de unas cadenas arrastrándose por el suelo y.. …apareció un fantasma en la habitación… Nuestro Sr. Scrooge, asustado, le preguntó quién era. - Soy el fantasma de las Navidades pasadas. Ven conmigo. Y le llevó por el cielo y vieron abajo, a él y a su mujer con sus dos hijos, cenando juntos en la noche de Nochebuena, todos felices, cantando y riendo. También estaban sentados a la mesa su hermano y su mujer con su hijo, es decir, Smith, el que ahora es su sobrino. También vio lo que sucedió hace ya 30 años, esa noche que volvían a su casa en coche después de cenar en casa de la familia de su hermano y tuvieron un accidente, el coche se salió de la carretera en una curva y su mujer y sus dos hijos murieron en el acto, quedando sólo él ileso, sano y salvo, solo. Después de ver todo esto, de revivir el pasado, el Sr. Scrooge y el fantasma volvieron a la casa, se metió en la cama llorando por lo que le había hecho recordar, el fantasma desapareció y se quedó dormido de nuevo. Cuando el reloj del salón dio la una de la madrugada, se volvió a oir un ruido de cadenas y apareció otro fantasma distinto, que le dijo: - Soy el fantasma de las Navidades presentes. Ven conmigo. Volaron por el cielo y él se vio siendo huraño con su empleado, contando y recontando su dinero, no dando limosna a una mendiga, no dando el aguinaldo a los niños que cantaban villancicos, siendo serio y antipático con sus familiares, no dando las gracias por nada y solo, siempre solo, andando cabizbajo de acá para allá, siempre solo. Volvieron a casa, el fantasma desapareció y se volvió a quedar dormido creyendo que todo había sido un sueño, o peor, una pesadilla. A las dos, las campanadas del reloj del salón volvieron a sonar y se oyó de nuevo ruido de cadenas, esta vez más fuertes y pesadas. - Soy el fantasma de las Navidades futuras. Ven conmigo. Y el fantasma le llevó por los aires volando y vieron allá abajo un funeral en un cementerio. Había un ataúd negro, un cura y un monaguillo. Cuando se acercaron más, nuestro Sr. Scrooge, vio que el que estaba dentro ¡era él! Solo. Estaba solo. Nadie había ido a su entierro. Nadie había ido al cementerio a despedirle. El ambiente que se respiraba era tétrico, frío y tenebroso. Se le pusieron los pelos de punta. Scrooge, asustadísimo, temblando, volvió volando a su casa, se metió en su cama y se tapó esta vez enterito no queriendo ver ni escuchar nada más. Se puso unos tapones en los oídos e intentó dormir, pero no pudo. Escuchó todas las campanadas de todas las horas de la noche. Y ya cuando amanecía, se quedó un poco traspuesto, como adormilado. A la mañana siguiente, cuando se despertó y vio que estaba vivo, se pellizcó y salió saltando de la cama, se vistió, cogió muchos billetes de su caja fuerte y se fue a la mejor cafetería de la ciudad a tomar un desayuno completísimo. Fue a los grandes almacenes y llenó un carro de regalos y comida. Fue a casa de su empleado Bob y se la llenó de regalos y de comida variada. Le dijo que le iba a aumentar el sueldo ¡se lo triplicaba!, que hoy por supuesto no tenía que ir a trabajar, que le daba libre los domingos y los sábados por la tarde y que le cambiaba el horario: tenía que trabajar de nueve de la mañana a siete de la tarde, teniendo entre medias dos horas para ir a comer a su casa. Se despidió hasta el lunes. Compró montones de leña que la repartió entre su casa y su oficina y prendió de inmediato ambas estufas, dejándolas encendidas para que se caldearan los dos sitios, que estaban helados. Al salir de su tienda, dio un montón de billetes a la niña mendiga y buscó a los niños de los villancicos y les llenó los bolsillos de golosinas y dinero. Compró luces y bombillas e iluminó toda la fachada de su tienda. Cambió toda la decoración tétrica de la tienda y la modernizó, la reformó totalmente, puso amplios ventanales para que entrara la luz, instaló luz eléctrica en toda la tienda y en su casa también, tirando todas las velas a la basura. El Sr. Scrooge se dio cuenta de que había sido un egoísta, ambicioso y huraño y que no ganaba nada siendo así, al contrario, estaba perdiendo lo mejor de la vida: vivir, y disfrutar de ella. Finalmente, fue a la casa alquilada de su sobrino Smith, les obligó a hacer las maletas corriendo y les llevó a todos a su casa. Les dijo que se iban a quedar a vivir con él, en su gran casa, donde cada sobrinito tendría su propia habitación. Y aceptaron encantados, y vivieron felices juntos. ¡¡ Y COLORÍN, COLORADO, PIMPILIPAUSA HA TERMINADO !!¡¡ Y QUE APLAUDA AL QUE LE HAYA GUSTADO !! Commentaires (6)Pour ajouter un commentaire, connectez-vous avec votre identifiant Windows Live ID (si vous utilisez Messenger ou Xbox LIVE, vous avez un identifiant Windows Live ID). Connectez-vous Vous n'avez pas d'identifiant Windows Live ID ? Inscrivez-vous
RétroliensL'URL de rétrolien de ce billet est : http://labrujapimpilipausa.spaces.live.com/blog/cns!61E41AFD7D0E88C!140.trak Blogs Web qui font référence à ce billet
|
|
|